La visita del papa es oportunidad de reconciliación

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Los peruanos hoy más que nunca necesitamos de la visita pastoral del Santo Padre, escuchar su consejo, caminar con su guía, acoger en nuestros corazones sus enseñanzas de la palabra y creer en un camino de esperanza.

Vivimos en tiempos especialmente difíciles. Los últimos gobiernos de nuestro país han atravesado serios problemas de corrupción, tenemos un expresidente encarcelado, a otro prófugo y a los demás, incluyendo el actual, investigados.

En este mismo escenario también hay una lucha por superar los rezagos de la violencia terrorista y compadecerse de la injusta persecución a los miembros de las Fuerzas Armadas, una reconciliación pendiente que pasa porque los asesinos terroristas expíen sus pecados y se reeduquen en la prisión, dando a conocer a la población la verdad que nadie quiso o quiere escuchar hasta el día de hoy: la lucha que libraron las Fuerzas Armadas y los Comités de Autodefensa para que la democracia continúe y no se viva en un país en el que la demencia y el crimen se han instalado en el Estado.

Por si fuera poco, en el mismo contexto, enfrentamos hoy en día decisiones de una Corte que atenta contra la familia y la apreciación de cada Estado parte del Pacto de San José.

Este grupo de problemas que aquejan al Perú y a sus instituciones hacen necesaria la llegada de nuestro Sumo Pontífice. Este cúmulo de dificultades, estoy convencido, solo podrá superarse con fe en el Señor, con paz en el alma, con misericordia, con oración y con reconciliación.

En mis horas más aciagas, cuando me tocó estar en el frente durante la lucha contrasubversiva y vi morir a mis soldados en mis brazos o cuando comandé el Ejército y tuve que tomar decisiones en contra de altos mandos militares, que sabía implicaban represalias, fue la oración y la fe en Dios lo que me ayudó a mitigar la tristeza y a fortalecerme ante el curso de las acciones.

La llegada de nuestro papa en visita pastoral es una oportunidad para que todos oremos por nosotros y por nuestras familias, pero también para que nos unamos como país y solucionemos estos problemas, una ocasión para que los funcionarios y exfuncionarios implicados en corrupción confiesen sus culpas y busquen su redención en la oración, y para que cese la persecución injusta de viejos soldados que deberían estar con sus nietos.

La llegada del Sumo Pontífice parece ya haber suavizado el corazón de nuestro Presidente, quien ha decidido por fin acatar la Ley de Pensiones Justas para los miembros de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional, reconociendo la lucha de nuestros viejos soldados. ¡Bienvenido papa Francisco!

(*) Congresista de la República