Hambre y sed de justicia

0
2456

Por: Andiolo Zevallos

 

El Perú es una “tierra de esperanza por la riqueza de sus tradiciones y costumbres que han marcado el alma de este pueblo”, y por los jóvenes, que no son el futuro, sino el presente del país, dijo el Papa Francisco, ante un millón de fieles que llegaron a la Base Militar de las Palmas, en busca de paz interior, paz social y sobre todo, aplacar el hambre y sed de justicia, cada vez más esquivo en el país.

Tal vez por ello, el pontífice se preguntó “¿Qué le pasa a Perú que cada vez que sale un presidente lo meten preso? Humala está preso, Toledo está preso (prófugo), Fujimori estuvo preso, Alan García está que entra que no entra. Hay una crisis por corrupción. Uno llega a una posición y acusa de corrupto al anterior, y los dos tienen algo de razón”, confirmando nuestra triste realidad.

En Madre de Dios, la “avidez sobre petróleo, gas, madera, oro, monocultivos agroindustriales” está aniquilando el Amazonas y a los indígenas, porque “Los falsos dioses, los ídolos de la avaricia, del dinero, del poder lo corrompen todo y destruyen los bosques” puntualizó el Papa Francisco.

“La violencia contra las adolescentes y contra las mujeres es un clamor que llega al cielo”, señaló al motivar una legislación y una cultura de repudio a toda forma de abuso, llamando la atención a jueces, legisladores y gobernante presente.

El Código de Ética del Poder Judicial dice “La sociedad espera de los Jueces un comportamiento de excelencia en todos los ámbitos de su vida. Por lo tanto, es posible exigirles altos estándares de buena conducta con la finalidad de que contribuyan a crear, mantener y acrecentar la confianza ciudadana en la judicatura”. De ser así, un juez debería ser probo, intachable, con valores y casi un Papa al momento de emitir sus fallos; en otras palabras, una persona confiable.

En el país, la mayoría de los jueces, congresistas, funcionarios públicos y los políticos, no encarnan el modelo de conducta a seguir, no tienen los valores, independencia, imparcialidad, honorabilidad e integridad, requeridos por la sociedad y el Estado.

En lo judicial, lo que tenemos es una justicia débil, manipulable y manejado por intereses políticos, económicos y mediáticos. Lo que el país necesita es una justicia eficiente, pronta y equilibrada, que reduzca los índices delictivos denunciados por el Papa Francisco, con jueces probos, honestos y capaces de resistir cualquier tipo de presión, política, económica y mediática.