Los tiempos cambian

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Por Jacques Rodrich

Lo ha dicho desde Herodoto hasta Bob Dylan, los tiempos cambian ¡Y no lo sabrá PPK!

Hace como 15 años la presencia de PPK en el Congreso generaba un reverencial y respetuoso silencio, solo se atrevía a contradecirlo Javier Diez Canseco sin mucho eco ni suerte. Luego sucedió lo impensable, nuestro técnico emérito decidió postular a la Presidencia y solo mediante arreglada manoseada de testículos consiguió remontar hasta lograr un meritorio tercer puesto.  Pero persistió en su intento y tras una curiosa alineación de los astros logro la presidencia. Ahí empieza su debacle. Lejos de entender su insólito golpe de suerte, llega al Congreso en su inauguración y causa decepción ante un discurso a la nación desconectado de la realidad e incapaz de reconciliar. De inmediato emprende un sainete de gobierno y su poco tino lo ha llevado nuevamente al Congreso en donde ha sido recibido con indignación tras revelarse sus traperías pasadas, (el concepto de asesorar privadamente al que pide una gracia a la cartera en que eres Ministro y pretendes tu inocencia alegando que bancarizaste y pagaste impuestos es de libro de texto).

Que intercambie su reino por un caballo, un indulto en nuestro caso, no lo exime de su destino final. El abanderado de la seriedad económica toma el más populista de los lemas, “¡subamos la remuneración mínima vital!” Ni la CGTP tiene esa bandera de lucha por absurda. En estos días, ya PPK es observado con infinita pena por el Congreso. La calle, más sabia, ya lo ve con sorna.

El tránsito de la gloria del respeto al callejón de la sorna, cruzando la avenida de la decepción, y las calles de la indignación y la pena  ha sido meteórico en un país acostumbrado a la mecedora.

Es que si tienes un boleto en el Titanic, poco importa que sea de primera clase.