Desatamos la Cuerda

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José Antonio Perez Wicht.

De un extremo del escenario sale una mujer con un vestido hecho de distintos retazos de tela, un peinado extravagante y una cuerda amarrada a la cintura. Inmediatamente se dirige al público, comenta que esta noche va a hablar sobre algo que conoce bien, sobre ella misma. Lo que aún no sabes sentado desde tu butaca, es que en realidad te va a hablar de ti, de mi, de todos los que estamos ahí sentados. Esta mujer es Wendy Ramos y lanza una ineludible invitación a navegar mares profundos. Quedará a discreción del espectador si decide observar tremendo ejercicio introspectivo desde la orilla, o si da un paso más y se zambulle con ella.

Atada a lo que por momentos pareciera ser un cordón umbilical, Wendy desnuda el alma sin defensas y expone con ternura la existencia humana, se vuelve vulnerable ante nosotros y parece iniciar un proceso de autorevelación, haciendo las paces con un pasado que ata y desata a través del simbolismo de la cuerda. Sostiene la obra sobre sus propios hombros, asistida solamente por un armario que esconde una serie de recuerdos, miedos y fantasías que dotan de contenido el  nudo en su ombligo, nudo que poco a poco todos los presentes comenzamos a sentir en nuestro propio cuerpo.

Wendy logra exponer de manera orgánica lo que es el proceso constructivo de identidad, cómo es que todos estamos hechos por lo que nos antecede, desde lo que mirábamos por televisión hasta los comentarios de nuestras abuelas, hechos por los vínculos que hemos erigido a lo largo de nuestra historia, hechos por todas las ilusiones que hemos vivido esperando y por las frustraciones que nos han tumbado. Todo esto nos hace, pero al mismo tiempo nos ata. Habrá que ver de dónde sacamos el coraje para desatarnos y aprender a dejar ir, y cómo nos enfrentamos a esa aterradora libertad que tanto hemos perseguido y que de pronto se convierte un monstruo de mil cabezas.

Cuerda explora con humor y agudeza lo que es el existencialismo de Sartre, el inconsciente de Freud y la falta de Lacan. Lo complejo se hace simple y lo simple se hace complejo, y en ese juego nos enamora mientras reímos y lloramos. La comedia más fina es aquella que detrás de la risa esconde un universo de emociones, de todos los tamaños y colores. Brillante es el resultado que consigue Wendy Ramos con la dirección de Nishme Súmar. Este fin de semana, después de más de cuatro años, Wendy Ramos se desatará por última vez, y le diremos adiós a uno de los unipersonales más inteligentes y emotivos que las salas de teatro han visto pasar. Queda agradecerle por el recorrido y seguir buscando aquel patito prófugo, y quién sabe, a lo mejor lo encontremos por ahí, entre las ramas.