La pena de muerte o la muerte del pene

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Dante Seminario Vera

Ante los recientes casos de violación a niños en el Perú, el parlamentario Roberto Vieira presentó una moción para que el Congreso inste al Ejecutivo a emprender el proceso para retirar al Perú de la CIDH, y dar lugar a la pena de muerte. Pero ya en 1999, la mayoría oficialista del Congreso aprobó el retiro inmediato del Perú del sistema judicial de la OEA, al desconocer la competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para los casos contenciosos de violaciones a esos derechos. En ese entonces el ex presidente Alberto Fujimori, sostuvo que la posición peruana era sólida, el detonante fue que la CIDH había pedido nuevo juicio para los emerretistas chilenos condenados por jueces sin rostro

Largo fue el reclamo y no se llegó a nada, simplemente a hacer el ridículo ante la comunidad internacional, así nos vieron otros países, hoy algunos defensores de esa medida en esa época se quedan callados y pretenden seguir manejando la política de relaciones exteriores que es dirigida solo por el presidente de la República

Entonces mientras nos pongamos de acuerdo en nuestra política exterior debemos tomar decisiones que sean reales y sobre todo que sean eficaces, una de ellas es la castración química que es un término utilizado para describir los medicamentos destinados a reducir la libido y a reducir la actividad sexual, por lo general, para impedir que los violadores, pederastas y otros delincuentes sexuales reincidan

Entonces es más fácil condenar  a la muerte al pene que a una persona condenarla a la muerte, si nos equivocamos y matamos a un inocente ya no hay vuelta que darle, en cambio, con la castración química sí se puede corregir esta situación. “Errar es de humanos”, entonces matemos al pene.