No caigamos en lo mismo

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Carlos Bruce Montes de Oca
Carlos Bruce Montes de Oca

Por: Carlos Bruce

Resulta muy lamentable comprobar cómo ciertos actores políticos no son capaces de aprender de los errores ni de calibrar el tremendo daño que le ocasionaría al país la reedición de una espiral de ruido y enfrentamiento entre fuerzas políticas y hasta de poderes del Estado.

Lo que estamos viendo en estos días ya no solo es una profusión de adjetivos contra adversarios y autoridades políticas, sino la aparente dejadez en tomar decisiones que pueden significar el avance o la paralización de la economía. Todo esto, por la falta total de voluntad política para dialogar.

Pareciera que esto ocurre como correlato de la tormenta destructiva del caso de mega corrupción Lava Jato, cuyos efectos están alcanzando a muchos actores políticos. Empero, lo que no podemos permitir es que estas revelaciones que son materia judicial amenacen la estabilidad y el avance del país.

Por ello, hablar nuevamente de vacancia presidencial con argumentos febles y carentes de sustento constitucional solo reflejaría una malsana intencionalidad política de patear el tablero para pescar a rio revuelto, con graves consecuencias para el país.

Asimismo, dilatar innecesariamente la aprobación de la norma legal que permita reemplazar el Decreto de Urgencia N° 003, a fin de asegurar la futura reparación civil de la empresa Odebrecht y otras empresas, además de viabilizar la continuidad de las obras públicas y de la cadena de pagos, solo perjudica a los intereses del país.

Ya debería estar claro que los gritos e insultos entre adversarios políticos y contra fiscales y jueces y, peor aún, contra la investidura presidencial, sólo conducen a atentar contra la estabilidad política y la institucionalidad del país.

No podemos sino lamentar que esta amenaza se cierna precisamente cuando más bien deberíamos estar abocados totalmente a impulsar el crecimiento económico, que es lo realmente importante para el país.

Tenemos que parar esta ola de violencia política y dejar que las instituciones autónomas del Estado funcionen libremente y con transparencia. Y, sobre todo, hay que agotar los esfuerzos para lograr un nivel de diálogo entre las fuerzas políticas que sea capaz de devolverle la confianza a la población.

Antes que repetir los errores, las circunstancias actuales nos obligan a buscar nuevos medios de entendimiento entre todos los actores para hacer que le Estado funcione sin paralizar al país.