La Pluma y la Espada

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Edwin Donayre
Edwin Donayre

Por Edwin Donayre Gotzch*

Como olvidar las imágenes que nos traían los medios de comunicación durante el azote del “Niño Costero” en el 2017, tragedia que llegó hasta las puertas de la capital, miles de damnificados, viviendas destruidas, infraestructura pública colapsada, redes hospitalarias en emergencia, poblaciones aisladas e inundadas y cual si fuera poco, un gobierno en sus inicios.

El Perú como nación asistía a uno de sus peores escenarios contemporáneos, un inusual fenómeno climatológico lo estaba poniendo en jaque, ya se empezaba a sentir el desabastecimiento de las grandes ciudades y enfermedades tropicales amenazaban con alcanzar niveles de epidemia; se decretó el estado de emergencia en los departamentos afectados, se activó el Centro de Operaciones de Emergencia (COE) y el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres (SINAGERD) inició sus operaciones de primera respuesta ante la emergencia, la ayuda internacional comenzó a llegar y la población reaccionó ante la emergencia con donaciones de todo tipo en apoyo a los compatriotas damnificados y fuimos superando el desastre.

Es poco serio ahora olvidar los momentos de desesperación que se vivieron así como es inevitable desconocer el rol protagónico en la atención de la emergencia que jugaron las Fuerzas Armadas y Policía Nacional, desde su liderazgo en la conducción del Centro de Operaciones de Emergencia, los puentes aéreos, terrestres y marítimos, transportando a miles de personas que quedaron aisladas y toneladas de ayuda humanitaria, los valerosos hombres de uniforme descendiendo desde helicópteros para rescatar a pobladores atrapados por las aguas de los desbordados ríos, esos muchachos que pasaron días con la ropa húmeda, con el lodo en sus botas y con contadas horas de sueño, con ese cansancio superado por sus años de juventud y su inconmensurable amor a la patria.

Esos jóvenes soldados que lejos de sus familias enfrentaban el noble desafío de arriesgar su vida por el prójimo y a más de uno vimos derramar lágrimas de orgullo y emoción por esa indescriptible sensación satisfactoria que otorga el deber cumplido, de sentir que vestían el uniforme que la patria les otorgó, para enfrentar otro tipo de amenazas a la seguridad nacional, que duda nos queda, esos muchachos anónimos fueron nuestros héroes.

Hace unos días inspeccione en el norte del país las instalaciones militares y navales, luego las Comisarias y no dejaba de impresionarme por el daño que han sufrido, sistemas de agua potable y desagüe colapsados, techos con filtraciones de agua etc., claro está al igual que las instituciones educativas, los centros de salud y otras infraestructuras.

Pero lo más impresionante e insólito es que la infraestructura dañada del sector Defensa y sector Interior no está comprendida dentro de los alcances del “Plan Integral para la Reconstrucción con Cambios”; en cuanto pude, solicité una cita con el Director Ejecutivo de la Autoridad  para la Reconstrucción con Cambios (ARCC), quien me manifestó que al parecer las instalaciones militares y policiales “no son bienes de dominio público”, lo que ha terminado por confundirme aún más, es así que luego me reuní con el Superintendente Nacional de Bienes del Estado (SBN) para aclarar estos conceptos. Lo que necesito es saber cómo explicarles a esos muchachos, jóvenes militares y policías que pusieron el pecho por todos los peruanos y lo volverían a poner, que sus cuarteles y comisarías no son prioridad y que por lo tanto no serán reconstruidos; ¿Por qué de esta aparente ingratitud y falta de consideración?

*General de División en situación de retiro del Ejército del Perú, ex Comandante General del Ejército y actual Congresista de la República.