A las 3 de la madrugada Antauro toma la Comisaría de Andahuaylas

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ANDAHUAYLAZO: SEGUNDA PARTE

Reducen la centinela que es golpeado hasta perder conocimiento

El asalto y la toma de la Comisaría de Andahuaylas, por Antauro Humala ocurrió el 1 de enero del 2005 y coincidió con la celebración de una fiesta costumbrista religioso-patronal, que todos los años se lleva a cabo en dicha ciudad y, en momentos en que la población se reunió en la Plaza de Armas acompañando a una procesión.

Había aproximadamente dos mil pobladores, quienes se habían dado cita para celebrar la fiesta patronal, incluso el entonces congresista Edgar Villanueva Núñez participó de la fiesta costumbrista.

La fiesta empezó a la una de la tarde del 31 de diciembre del 2004, sin pensar que horas más tarde 150 etnocaceristas, liderados por Antauro Humala,  tomarían por asalto la Comisaría, ubicada a escasas cinco cuadras de la Plaza de Armas. Eran las tres y media de la madrugada del primero de enero de 2005.

El ruido infernal que desata la quema de los castillos, los gritos de las personas que acompañaban la procesión, repartiéndose el famoso aguardiente de caña mezclado con jugo de naranja o té, que les permitía menguar el frío helado de las madrugadas en dicha provincia, cuya temperatura llega a bajar hasta cinco grados, se confundía con el ruido de las armas que utilizaron los etnocaceristas para reducir a los once policías que se encontraban en el interior de la comisaría.

Nadie esperaba que esa noche de Año Nuevo, el nombre de este pueblo, uno de los más pobres del país, se fuese a colocar en primera plana de las noticias a nivel mundial.

Cuando los medios de prensa empezaron a difundir la noticia, el país entero era testigo de cómo un grupo que se hacía llamar “etnocacerista” se alzaba en armas y tomaba por asalto una dependencia policial en protesta contra el entonces Gobierno de Alejandro Toledo.

Días antes, los pobladores de Andahuaylas los veían caminando, siempre en grupos, vestidos con pantalones camuflados de las FFAA, polos negros con el logo del Ejército Peruano y en la parte posterior de la prenda se apreciaba la palabra “Reservista”.

La presencia de los etnocaceristas no despertaba sospecha,  tal es así que el 30 de diciembre 2004, dos días antes del asalto, dos policías que trabajaban en la unidad de investigaciones  intervienen a diez personas que llegaban a la ciudad con mochilas, pensando que eran narcotraficantes, pero los dejaron ir al comprobar que eran del Movimiento Etnocacerista , y que según ellos, llegaban a la zona para asistir r a una conferencia en la “Casa del Maestro” . 

El asalto

Eran las tres y media de la madrugada del primero de enero del 2005 y en el pueblo de Andahuaylas hacía una hora que el SO3 PNP José Efraín Berrocal Cartolin había relevado al SOT3 Edgar Arias Munares en el servicio de puerta principal de la comisaría de Andahuaylas.

La noche, como tantas otras, estaba fría, cerrada y el suboficial Berrocal que estaba de centinela se frotaba las manos, intentando en vano espantar el frío intenso que le penetraba hasta los huesos.

Y mientras soplaba su mano derecha, en medio de la penumbra (las calles del pueblo carecen de buena iluminación) observó que a media cuadra se acercaba una patrulla de uniformados conformada por quince o veinte soldados; todos vestidos con uniformes camuflados del Ejército Peruano.

También observó que la mayoría portaba fusiles FAL, otros , fusiles HK, G3 , culata plegable y fija, en un número indeterminado , así como algunos revólveres, pistolas, granadas de fusil instalaza API y Norinko , cacerinas, y una que otra escopeta de diferente calibre .

Tras extenderle la mano a uno de los rebeldes, sin advertir nada, el SOT3 José Efraín Berrocal fue reducido, y despojado de su pistola ametralladora que utilizaba para el servicio. El valiente policía fue rodeado y uno de los etnocaceristas le pone el cañón de una pistola a la altura de su cuello.

Previamente, el policía se aferró a su fusil y empezó a gritar pidiendo auxilio, mientras le llueve puntapiés en diferentes partes del cuerpo. En esos momentos pierde el conocimiento.

Inmediatamente los seguidores de Antauro capturan la comisaría y toman de rehenes a los efectivos policiales. Cuando los asaltantes se dieron cuenta de que el centinela había recuperado el conocimiento, nuevamente le propinan una andanada de puntapiés mientras le preguntaban dónde estaba la armería.

El centinela, para desviarlos, les dice que no sabe porque recién había sido cambiado a Andahuaylas.

En esos momentos, se siente el ruido de un pesado cuerpo que cae del segundo piso encima del capote de un vehículo blanco estacionado en el interior de la Comisaría. Era el Suboficial de Tercera Ciro Porroa que había sido arrojado por los etnocaceristas.  (CONTINUARÁ MAÑANA)