Antauro pone francotiradores capaces para disparar a matar

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Historia no contada del andahuaylazo (Capítulo V)

Hubo un grupo denominado “los puneños”, al cual el líder etnocacerista le tenía gran respeto.

Desde el primer día de la toma de la comisaría, Antauro Humala y su lugarteniente, el Capitán “Paiche”, organizaron a los etnocaceristas en varios grupos de tareas, cada uno estaba conformado por cuatro o cinco reservistas.

Nada lo dejaban al azar y se organizaron hasta en los mínimos detalles, tal es así que cubrían tareas de seguridad, tanto interna como externa del local, elaboración de la alimentación y vigilancia de los rehenes.

Los grupos de tareas cubrían turnos con relevos establecidos y eran supervisados por un etnocacerista.

Establecieron servicios perimétricos al exterior del local, en los techos de la comisaría e inmuebles colindantes, entre los que estaba el Hotel Imperio Chanca.

En el techo se colocaron francotiradores con armas de largo alcance y escogieron a los que integraban el grupo llamado “los puneños”, a quienes Antauro Humala les tenía ley. Eran considerados los más audaces, temerarios, capaces de enfrentarse con los policías a tiros.

Todos ellos fueron ubicados estratégicamente en los techos de la comisaría o del Hotel Imperio Chanca, el mismo que fue tomado por los reservistas.

Un grupo se encargó de la custodia de los rehenes, otro de la seguridad de la puerta principal, un tercero se ubicó en el garaje de la parte posterior de la comisaría, otro en el campo deportivo.

En el exterior se ubicó a un grupo con dos patrulleros. Otro grupo estaba en la parte posterior del segundo piso, donde funcionaba la oficina de pagaduría.

En el techo, que era de calamina, se ubicaron dos grupos en ambas esquinas y otro grupo en la parte central del techo de la comisaría. Todos estaban fuertemente armados con fusiles y pistolas de los mismos policías. Para preparar los alimentos, los reservistas utilizaron la cocina de la concesionaria.

En cuanto a los rehenes, la orden era no dejarlos descansar, siempre estaban hostigándolos, tildándolos de “perros sirvientes del gobierno”, los amenazaban de muerte en caso de producirse un enfrentamiento con bajas por parte de los reservistas.

El grupo a cargo de custodiar los rehenes estaba dirigido por el Capitán “Pachas” o “Paiche”, segundo en el mando. El Capitán Ramos era el tercero en el mando, quien manifestaba ser hijo de un policía retirado que vivía en Abancay. Este antaurista portaba una pistola, un fusil AKM y una granada de guerra tipo piña.

Entre los seguidores de Antauro Humala estaban dos mujeres, la primera de contextura baja, tez blanca, achinada, y la segunda de tipo puneña o cuzqueña, trigueña, de baja estatura. Ambas portaban pistolas Pietro Beretta y estaban vestidas con uniforme dril del Ejército Peruano.

Un sujeto conocido como Quiscudo y otro llamado “Gato” eran parte del grupo de custodia a los rehenes.

En el primer día de la toma, Antauro ordenó a sus seguidores colocarse en el techo con fusiles FAL. También, dirigiéndose a los rehenes, dijo que el asalto a la comisaría era una respuesta política al gobierno por su incapacidad. Lleno de euforia, el líder etnocaceriosta empezó a gritar arengas, entre ellos solicitando la renuncia del presidente Alejandro Toledo.

También, solicitó a los policías rehenes firmar una carta de sujeción al movimiento etnocacerista, que felizmente no logró su objetivo, y trayendo como consecuencia que se agudice los maltratos sicológicos, insultos y vejámenes a las fuerzas del orden.

En la tarde, uno de los rehenes escuchó que Antauro Humala hablaba por su teléfono celular con la señora Elsa Malpartida, a quien le indicaba que habían tomado la comisaría y que esperaba su apoyo levantando a los campesinos cocaleros.

A las seis de la tarde, un etnocacerista le trae alimentos, ropa, frazadas, tres colchones y en la noche apagaban las luces.

A las doce de la noche, entran tres etnocaceristas y empiezan a buscar celulares en el ambiente donde estaban los policías rehenes, gritando que si encontraban un celular iba a pagarlo caro.

(CONTINUARÁ MAÑANA)

Las bajas

En el 2005 Antauro Humala organizó una rebelión con la intención de derrocar al expresidente Alejandro Toledo. A raíz de los violentos sucesos ocurridos en Andahuaylas murieron dos de sus seguidores y cuatro policías que fueron asesinados.

 

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