Acorralado, Antauro negocia su rendición

0
1439

Hechos no contados del Andahuaylazo (Cap VII)

 

Tras la muerte de 4 policías y dos etnocaceristas, Antauro Humala se da cuenta, luego de su euforia inicial, que sólo agravó más su situación y comienza a negociar su rendición.

El 3 de enero ordena que los rehenes sean trasladados al ambiente donde funcionaba la cafetería de la comisaría, lugar donde permanecen hasta que son liberados.

A las 7 de la noche, Antauro Humala recibe al entonces congresista Michel Martinez y el padre Paliza. Después de la conversación se comunica a los rehenes que serían liberados siete de ellos, el resto de policías al día siguiente.

El Padre Paliza informó que entre los primeros en ser liberados sería el comisario Canga, pero este oficial se niega pide ser liberado junto a sus subalternos. También pide Antauro Humala que desmienta en la prensa las versiones que señala que los policías estaban ebrios durante el asalto a la comisaría, sobre este tema Antauro accedió.

El comisario, dirigiéndose a Antauro, señaló que seguramente la toma de la comisaría obedecería a que Ollanta Humala había sido invitado al retiro.

Este comentario encolerizó a Antauro, quien señaló que el levantamiento era también por los policías que ganaban sueldos de hambre y que en gobierno nacionalista recibirán más de 4,500 soles.

“Si te interesa también lee: Antauro plantea el regreso al velasquismo de llegar a Palacio en 2021”

No pasa ni una hora cuando ingresa un periodista y un abogado de la localidad que trabaja para el diario local. En la noche de ese día, algunos civiles ingresan con mochilas y se llevaban lo que podían cargar.  Ese día, Antauro Humala concede una entrevista al Canal N donde señala que el pueblo peruano es “macho, revolucionario y nacionalista”, al señalar que la captura de la comisaría se hizo sin balas, que fue una operación quirúrgica y que el 25 de diciembre del 2004, en el periódico Ollanta, se había anunciado lo que iban hacer.

También Antauro anuncia que se entregará siempre y cuando se cumplan con algunas exigencias mínimas:  que se respete la integridad física con un veedor y delante del pueblo de Andahuaylas y la prensa. También que no se melle la dignidad de los etnocaceristas.

Esa misma noche, Antauro Humala acepta negociar con una comisión en el Concejo Municipal, integrada por el entonces Director General de la PNP, Félix Murazzo, un representante de la Defensoría del Pueblo, de la Fiscalía y de la Iglesia.

En la reunión, Humala pretendió imponer las siguientes condiciones para su entrega, según el Gobierno de Toledo, postergar para una fecha indeterminada la entrega del armamento capturado en la comandancia policial, hacer una entrega parcial de rehenes en forma inmediata, y firmar un acta de rendición.

La población, que en todo momento apoyó esta asonada y se había identificado con el movimiento etnocacerista, fueron dispersados del lugar de la toma.

Antauro Humala sabía que estaba perdido, que la situación estaba fuera de control, y empezó a despedirse, mencionando en una entrevista a la prensa que iban a entregar las armas con la frente en alto, con la dignidad el deber cumplido y con el sacrificio, forjarían una nueva generación y tarde o temprano el nacionalismo vencerá.

En medio de una situación confusa, donde no se sabía quién estaba a cargo de qué, y con mensajes cruzados entre Palacio de Gobierno y Andahuaylas, se decidió aplicar el toque de queda de seis de la tarde a las seis de la mañana. Se suponía que en ese periodo los efectivos de la Brife (Brigada de Fuerzas Especiales del Ejército) penetrarían en la comandancia y rescatarían a los 17 policías rehenes.

Recién entonces, enterado de que se enfrentaría el ataque, Antauro Humala volvió a convocar a la comisión mediadora.