Homogéneos y diversos

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Por Martín Belaunde Moreyra

El Fondo Editorial de la Universidad San Ignacio de Loyola (USIL) acaba de publicar un libro de mi amigo y colega Arturo Seminario Dapello titulado “Estados Homogéneos y Estados Diversos. – El Caso Peruano”. En esta obra se analizan las características de la formación de los principales estados del mundo, pero con particular referencia a nuestra patria el Perú. Siempre me he preguntado como un Estado tan disperso y heterogéneo como el Perú ha podido consolidarse en la historia y vencer todas las dificultades que enfrentó en el pasado. Quizás la respuesta se encuentra en un capítulo del libro Peruanidad de Víctor Andrés Belaunde, que su autor denominó “Venciendo el territorio”, donde describe su naturaleza geográfica escindida por sus tres regiones tradicionales, que paradójicamente consagran una suerte de unidad. El macizo andino impide el paso de los vientos calientes amazónicos, la Cordillera de Humboldt determina una suerte de refrigeración natural y en las alturas andinas se precipitan las lluvias que dan caudal a nuestros ríos. Esos dos factores a su vez crean un elemento de unidad que se manifiesta en el clima templado de litoral y en el frío aire serrano, combinado con su intenso sol y maravillosos amaneceres, cuando surge el sol que emerge del este.

A todo ello debemos agregar nuestra región selvática, cuyos ríos nacen de la sierra. Quizás por esa razón es que el Perú pudo preservar la parte más importante de nuestro patrimonio amazónico, que fue materia de ásperos y difíciles conflictos con nuestros vecinos del norte y del este. Sea lo que fuere, el Perú hoy día no tiene el territorio que figura en el mítico mapa del Tratado de San Ildefonso, pero conserva la esencia del mismo. Tampoco debemos olvidar que dicho mapa, emanado de un tratado, que nunca llegó a ser ratificado por las coronas de España y Portugal, si tuvo en enorme efecto propagandístico, particularmente dentro de la opinión pública peruana. De ahí que en el Perú prevalezca la creencia, parcialmente errada, de que hemos perdido enormes extensiones territoriales. Eso es falso y debe ser aclarado con fuerza. El Perú solo ha perdido los territorios de Tarapacá y Arica como consecuencia de la Guerra del Pacífico (1879-1883) y el Trapecio Amazónico a raíz del Tratado Salomón-Lozano (1922-1930) que dio lugar a un frustrado conflicto bélico con Colombia, que en opinión del Presidente Benavides (1933-1939) no estábamos en condiciones de pelear y de ganar. Tampoco hay que olvidarse que Benavides, siendo coronel del ejército peruano, capturó el puesto de la Pedrera en el río Caquetá, a centenares de kilómetros de Iquitos, que luego no pudimos conservar por razones de abastecimiento logístico.

En suma, el aspecto más importante del libro, más allá de resaltar la naturaleza homogénea o diversa de un Estado, que no siempre es física, sino que puede ser insular, como los casos del Japón y Gran Bretaña, es analizar la voluntad nacional como factor esencialísimo de cohesión estatal. De no existir esa voluntad no hay Estado que sobreviva el paso del tiempo en períodos relativamente cortos, tal como ocurrió con Yugoslavia y Checoslovaquia.