“Justicia de Género” y extravagancias judiciales

0
904
Sergio Tapia
Sergio Tapia

Por Sergio Tapia T.

Todavía el país no se acostumbra a soportar que los jueces dediquen su tiempo laboral a temas que están fuera de lo que les corresponde obrar como tales.

Hay fundada indignación, por la bajísima productividad de los servicios de justicia que la ciudadanía debe de tolerar. El Poder Judicial no es capaz de atender la demanda de sus servicios, carece de prontitud, y si hace algo muchas veces es poco transparente por ausencia de honestidad.

En nuestra administración de justicia hay sobreabundante desidia que genera incumplimiento negligente. En ocasiones los trámites “caminan”, en virtud del compadrazgo bajo cuya sombra surgen “servicios especiales”. Y, no podemos omitir el abismo de la corrupción, cuyos niveles son de metástasis.

Nuestro Poder Judicial reencarna al titán Cronos, porque las malas prácticas devoran a cuantos ingresan al servicio judicial, salvo honrosas excepciones.

En este contexto no es grato el insistente perifoneo del Presidente del Poder Judicial. A quien no se le ve que inste al sector del Estado confiado a su responsabilidad, para que produzca, y produzca bien. Sino, con su peculiaridad el Presidente del Poder Judicial, expresa opiniones fuera de la órbita de sus responsabilidades de judicatura, y hasta en afectación a lo que es la celosa esfera de la autonomía y libertad de conciencia de los jueces. Como cuando opinó desgarbadamente en favor de una de las partes, en un litigio que aún –hasta la fecha– no ha sido resuelto por la sala suprema que exclusiva y excluyentemente conoce del caso, sin que él sea el juez natural.

En la semana que va, Duberli Rodríguez se ocupó de razonar sobre las bondades de tener un Parlamento con dos cámaras, en lugar de continuar con el actual diseño unicameral.

Pero, qué le importa al presidente de todos los jueces distraer su atención en hablar de cómo debería ser la transformación del Estado y cómo debería ser en otro Poder del Estado ajeno totalmente al suyo. En contraste, no lo escuchamos -desde que asumió el cargo-, hace un año y cuatro meses, alguna idea reformadora para superar tantos males que sufre el Poder que él preside, y que a tantos ciudadanos mortifica su inoperancia.

Y, en ese contexto, también, en esta semana salió fuera de la cancha jurisdiccional, la juez suprema Elvia Barrios, que ya hace un tiempo se inclinó a presidir una ilegítima iniciativa, la “Comisión de Justicia de Género”. Curiosamente fue ella fue contrincante electoral de Duberli Rodríguez, quien ganó la presidencia del Poder Judicial. Es decir, la Dra Barrios Alvarado es una vocal suprema que ha mostrado una primera inclinación para asumir la presidencia de este Poder del Estado, y podría intentar insistir en esta apetencia.

Volvamos a la malhadada iniciativa de la “Comisión de Justicia de Género”. La que desde su nombre, “Género”, contradice el idioma castellano, porque la Real Academia de la Lengua el 1 de marzo del 2012 aprobó por unanimidad un documento sobre el uso de ese término, estableciendo que las personas tienen sexo, pero las cosas y las formas gramaticales son las que tienen género. Por lo que no es gramaticalmente correcto aplicar la palabra género, para distinguir varones y mujeres.

Resulta entonces que, nuestros jueces ya no hablan castellano, y administrarán justicia “de género”. Eso significa que emitirán resoluciones con infracción al artículo 48 de la Constitución, que establece que el idioma oficial es el castellano. Idioma cuyo uso y regulación reposa en la Real Academia de la Lengua y en sus Academias correspondientes de cada Nación de Iberoamérica.

Se requiere un curso de gramática castellana a los jueces de esa infeliz iniciativa de la “Justicia de Género”.

Ya volveremos sobre esto.

Blog (colección artículos publicados en La Razón): http://sergiotapiatapia.blogspot.com/