Impunidad sistémica

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Francisco Diez Canseco
Francisco Diez Canseco

 

Por Francisco Diez-Canseco Távara (*)

 

El nivel de violencia sexual contra la mujer al que hemos llegado en el Perú alcanzó una expresión nunca antes percibida -por lo menos con tanta evidencia- con el reciente atentado sufrido por una joven en un vehículo de transporte público donde fue quemada viva, con una monstruosa incidencia que indigna y lleva a la reflexión.

Según recientes estudios antropológicos, la violencia sexual y las violaciones en particular están asociadas a sociedades en donde hay un elevado nivel de violencia genérica  pero también tienen como caldo de cultivo la formación familiar, el ensalzamiento del machismo y el bajo respeto por la mujer.

Yo agregaría en el Perú otro aspecto fundamental en un sistema judicial, cuyas más altas instancias sueltan corruptos, y en el que al maltratador de Arlette Contreras no sólo lo libran de polvo y paja, sino que ahora a ella le han abierto un juicio penal: a impunidad sistémica.

Así como hay corrupción sistémica en el Perú -vaya si la hay-, también existe impunidad sistémica o sea una impunidad que es el reflejo de un sistema de justicia que avala la violencia sexual como consecuencia de interpretaciones prevaricadoras de la ley dadas por jueces venales, deformados por la coima o la influencia política o mediática e inducidos por su nulo respeto por el sexo femenino.

Necesitamos por éstas y muchas razones iniciar una depuración urgente de los operadores de justicia, acostumbrados en muchos casos a actuar en formas delictivas e inaceptable, en el marco de esa impunidad sistémica que nada teme y a todo se atreve.

Pero también profundizar una reforma educativa que regenere perdidos valores de la familia peruana y que refuerce el status de miles de niñas de las zonas rurales cuyo talento, capacidad y futuro se pierden porque los padres prefieren dedicarlas a tareas del hogar o de pastoreo antes que enviarlas a centros educativos en los cuales pueden ser violadas o quedar embarazadas.

 

Más allá de las declaraciones demagógicas, no existe una política de Estado efectiva para afrontar este gravísimo problema en todas las áreas involucradas.

¡Ya es hora de actuar!