La reforma que se necesita

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Carlos Bruce Montes de Oca
Carlos Bruce Montes de Oca

Por Carlos Bruce

¿De qué serviría restablecer la bicameralidad congresal si no reformamos los elementos claves del actual sistema de representación que hoy adolece de una grave crisis?

Debido a la falta de voluntad de las fuerzas mayoritarias del Congreso para modificar radicalmente el sistema de partidos, la ansiada reforma de nuestro sistema de representación política está como está. El perjuicio es para el sistema democrático, que no podrá contar con el soporte institucional que le dé la legitimidad necesaria.

La tímida propuesta de reforma que se conoce hasta ahora carece de significancia para garantizar la existencia de partidos de verdad, su apertura democrática interna y la transparencia electoral que de legitimidad a su representatividad.

De hecho, las encuestas anteriores a los escándalos y choques de poderes que se han visto revelaban que la amplia mayoría de los peruanos no se sentía representado por un partido político, y consideraba que la democracia no necesita de partidos. Así, se entendía que esa mayoría de electores vota por el candidato al margen de la agrupación política por la que postula. Hoy, la realidad puede ser peor.

Flaco favor se le hace a la democracia cuando -lejos de atender las propuestas serias que se han propuesto desde distintos sectores- se pretende no solo mantener el estado actual de precariedad institucional de los partidos, sino empeorar las condiciones que limitan las acciones de supervisión y control.

Por ello, antes que pensar en propuestas aisladas, lo que es urgente es reformar integralmente tanto nuestro sistema de partidos como el de representación política y el sistema electoral.

Nuestra democracia necesita de verdaderos partidos políticos que no sean como lo que son ahora en casi su totalidad, es decir, simples membretes o asociaciones de allegados con exclusivos fines electorales donde impera el personalismo y no existe democracia interna.

La democracia tenemos que fortalecerla con la participación de partidos políticos que sean instituciones respetables de genuina representación popular y con vida propia, convertidos en canales efectivos de participación y representación popular.

Siendo realistas, la reforma que se necesita tendrá que venir principalmente por acción efectiva de la sociedad y las instituciones tutelares de los derechos ciudadanos, de la mano de los políticos, en busca de una verdadera renovación de la política.