Las idas y vueltas de Trump

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Por Martín Belaunde Moreyra

El jueves 25 de mayo Trump nuevamente sorprendió al mundo con una carta dirigida a Kim Jon-un en la que dejaba sin efecto el encuentro programado entre los dos para el próximo 12 de junio en Singapur. ¿Por qué lo hizo? Kim Jong-un había protestado agriamente por unos ejercicios conjuntos militares entre las fuerzas norteamericanas en Corea del Sur y el ejército de ese país. Al margen de que la protesta tuviera o no algún asidero – muy discutible para quien no había hecho otra cosa que provocar a los Estados Unidos – la reacción del gobernante norcoreano no merecía un escalamiento de la tensión a ese grado. La verdad de los hechos es que se había avanzado bastante en la tarea del desmantelamiento de las instalaciones nucleares y de misiles en Corea del Norte.

Claro está que todo ese avance debe estar sujeto a rigurosas inspecciones en in situ para comprobar que el régimen de Kim Jong-un no deje por ahí en un lugar secreto, otras instalaciones desde las cuales esté en condiciones de reanudar su programa de armamentos nucleares y de los misiles. Eso ocurrió antes con su padre y su abuelo.  Y las inspecciones solo se pueden hacer con el consentimiento del gobierno inspeccionado, para lo cual es indispensable avanzar en las negociaciones. De ahí que la súbita decisión de Trump genera la sensación que es contradictoria con el objetivo propuesto de desarmar nuclearmente a Corea del Norte.

Sin embargo, también sorprendió que los gobernantes de las dos Coreas se reunieran de improviso el sábado último para ver la forma de salvar el encuentro. Las fotos de dicho encuentro muestran que se abrazan como grandes amigos. Luego Trump dio una señal que quizás la reunión podía llevarse a cabo en la fecha y en la ciudad señalada. Dos pasos para adelante y uno para atrás según la conocida máxima de Lenin, lo que convertiría a Trump en un inconsciente discípulo del líder de la revolución rusa. Lo cierto es que el gobierno de Corea del Sur y su actual presidente Moon (se pronuncia Mun) tienen un interés vital para llegar a un entendimiento con su vecino del norte para disminuir la tensión entre ambos estados. Ello es fácilmente explicable si consideramos que Seúl, la capital de Corea del Sur, se encuentra a muy corta distancia de la Zona Desmilitarizada (DMZ por su sigla en inglés) y sería el blanco inmediato en el caso se desencadenen hostilidades. Entonces tenemos un anhelo por la paz en el lado del sur, pero también del norte para salir de su miseria económica.

En su carta de cancelación Trump se refirió al odioso tono empleado en las declaraciones de Kim Jong-un por los ejercicios militares de Estados Unidos y Corea del Sur. Igualmente se refirió a las capacidades nucleares de Corea del Norte a las que calificó de muy pequeñas frente a las de Estados Unidos, añadiendo que él nunca desearía emplearlas. Eso de por sí es una amenaza implícita. ¿Habrá una nueva distensión? Siempre cabe la posibilidad que Trump se limitó a presionar a Corea del Norte para que acepte desarmarse primero y luego recibir ayuda una vez comprobado el desmantelamiento de las instalaciones nucleares.

Por Martín Belaunde Moreyra

El jueves 25 de mayo Trump nuevamente sorprendió al mundo con una carta dirigida a Kim Jon-un en la que dejaba sin efecto el encuentro programado entre los dos para el próximo 12 de junio en Singapur. ¿Por qué lo hizo? Kim Jong-un había protestado agriamente por unos ejercicios conjuntos militares entre las fuerzas norteamericanas en Corea del Sur y el ejército de ese país. Al margen de que la protesta tuviera o no algún asidero – muy discutible para quien no había hecho otra cosa que provocar a los Estados Unidos – la reacción del gobernante norcoreano no merecía un escalamiento de la tensión a ese grado. La verdad de los hechos es que se había avanzado bastante en la tarea del desmantelamiento de las instalaciones nucleares y de misiles en Corea del Norte.

Claro está que todo ese avance debe estar sujeto a rigurosas inspecciones en in situ para comprobar que el régimen de Kim Jong-un no deje por ahí en un lugar secreto, otras instalaciones desde las cuales esté en condiciones de reanudar su programa de armamentos nucleares y de los misiles. Eso ocurrió antes con su padre y su abuelo.  Y las inspecciones solo se pueden hacer con el consentimiento del gobierno inspeccionado, para lo cual es indispensable avanzar en las negociaciones. De ahí que la súbita decisión de Trump genera la sensación que es contradictoria con el objetivo propuesto de desarmar nuclearmente a Corea del Norte.

Sin embargo, también sorprendió que los gobernantes de las dos Coreas se reunieran de improviso el sábado último para ver la forma de salvar el encuentro. Las fotos de dicho encuentro muestran que se abrazan como grandes amigos. Luego Trump dio una señal que quizás la reunión podía llevarse a cabo en la fecha y en la ciudad señalada. Dos pasos para adelante y uno para atrás según la conocida máxima de Lenin, lo que convertiría a Trump en un inconsciente discípulo del líder de la revolución rusa. Lo cierto es que el gobierno de Corea del Sur y su actual presidente Moon (se pronuncia Mun) tienen un interés vital para llegar a un entendimiento con su vecino del norte para disminuir la tensión entre ambos estados. Ello es fácilmente explicable si consideramos que Seúl, la capital de Corea del Sur, se encuentra a muy corta distancia de la Zona Desmilitarizada (DMZ por su sigla en inglés) y sería el blanco inmediato en el caso se desencadenen hostilidades. Entonces tenemos un anhelo por la paz en el lado del sur, pero también del norte para salir de su miseria económica.

En su carta de cancelación Trump se refirió al odioso tono empleado en las declaraciones de Kim Jong-un por los ejercicios militares de Estados Unidos y Corea del Sur. Igualmente se refirió a las capacidades nucleares de Corea del Norte a las que calificó de muy pequeñas frente a las de Estados Unidos, añadiendo que él nunca desearía emplearlas. Eso de por sí es una amenaza implícita. ¿Habrá una nueva distensión? Siempre cabe la posibilidad que Trump se limitó a presionar a Corea del Norte para que acepte desarmarse primero y luego recibir ayuda una vez comprobado el desmantelamiento de las instalaciones nucleares.