Infraternidad

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Por: Martín Belaunde Moreyra

Comenzaré diciendo que nunca he sido partidario de Alberto Fujimori ni menos del fujimorismo bajo cualquiera de sus nombres y modalidades partidarias. También diré que muy probablemente jamás lo seré en el futuro. No me agradan las formas y objetivos del fujimorismo. Sin embargo, cuando leí las declaraciones del patriarca familiar diciendo que nunca pensó que sus hijos terminaran así, sentí pena, no política, por cierto, pero sí humana producida por el encono fraternal. Confieso que simpatizo con las palabras de Alberto Fujimori cuando dice: “No estoy de acuerdo en que los hermanos se peleen ni se insulten ni se traten de esa manera, porque es un desprestigio tanto para la familia Fujimori, como para el Perú…” ¿Por qué? La razón es tanto ética como práctica. El clan Fujimori, que hoy no es precisamente ni el padre,ni los hijos ni menos el espíritu santo, escrito en minúsculas, representa un importantísimo sector de nuestra clase política.Y debo agregar que ningún país puede vivir sin ella.

Los enemigos de la actual clase política del Perú proclaman a los cuatro vientos sus enormes defectos, ¿pero estarán en condiciones de brindar al pueblo peruano algo mejor? Lo dudo porque en la inmensa mayoría de los casossufren las mismas y peores carencias, unidas a una tremenda falta de conocimiento político, económico y social. Quieren llegar al poder como sea, así fuere a costa de cerrar el Congreso, para transformar su ambición en tragedia, tal como lo vemos todos los días por calles y plazas en los refugiados venezolanos.

Personalmente considero que luego de las elecciones Keiko debió felicitar a PPK, sin perjuicio de mantenerse en la oposición parlamentaria, pero con una actitud de apoyo crítico a su gobierno hasta las próximas elecciones. Reconozco que hubo concordancias en algunos aspectos, tales como la delegación de facultades que PPK aprovechó al máximo. Pero prevaleció la imagen de rencor expresada en innecesarias censuras ministeriales que solo contribuyeron a generar una sensación de inestabilidad. Lejos de presentar su propio programa de gobierno, Keiko se dedicó incansablemente a lograr la caída de PPK y al final triunfó, más por los errores del segundoque por cualquier otra causa.

Hoy frente al gobierno de Martín Vizcarra, que se perfila como la continuación del anterior, al margen de su diferente estilo, es fundamental llegar a ciertos acuerdos. Uno de ellos a través de la fiscalización de las cooperativas por la Superintendencia de Banca para controlar el lavado de capitales. No hacerlo evidenciaría una actitud lobista por parte del fujimorismo, frente a un sector económico que no destaca por la claridad en el origen de sus cuantiosos recursos. No obstante, es insuficiente porque los problemas económicos que afectan al Perú hoy día residen en un creciente déficit fiscal y en una lentitud de las inversiones públicas y privadas. Con respecto al primer tema, debe haber un acuerdo entre el gobierno y la oposición para obtener mayores recursos fiscales, lo cual significa incrementar los ingresos tributarios por todos los medios posibles. El otro reside en impedir la acción de quienes conspiran contra las inversiones privadas. Frente a estos continuos desencuentros, ahora resulta crucial superar la infraternidad en todos los ámbitos políticos para transformarla en una actitud de constructiva divergencia.