Basta de cojudeces

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Carlos Linares Huaringa

Por: Carlos Linares Huaringa

Twitter: @carloslinaresh

“Bájense esa mierda”. Esta es la frase que se escuchó gritar a la activista anarquista Katherine Paola Fernández Cosingo, mientras grababa con su celular cómo los vándalos junto a los que marchaba contra el Congreso, el pasado 5 de junio, destrozaban con palos y piedras un patrullero.

Segundos después estos mismos desadaptados le prendieron fuego a la unidad policial mientras el citado personaje soltaba otra expresión igual de condenable, pero que nos remitía a las peores épocas del terror en el país: “Está explotando el carro de los perros”. Este último insulto hacía referencia a los policías.

Las mismas imágenes grabadas por Fernández Cosingo, así como las realizadas por el resto de revoltosos con sus teléfonos móviles, mostraban el preciso instante en el que uno de los violentistas incendiaba el patrullero.

Las prendas que vestía dicho manifestante que tenía el rostro cubierto -jean hasta los tobillos, correa negra, botines y medias negras-, son las mismas con las que fue capturado minutos después Patricio Cardama, universitario sindicado por la Policía como el autor del incendio (ver imágenes difundidas por Punto Final).

La mayoría de manifestantes presentes celebró el acto criminal, pero posteriormente denunció que todo se trataba de una maniobra para desacreditarla y que los encapuchados eran infiltrados,  dado que su movilización había sido pacífica.

Las mismas filmaciones demostraron que los defensores de la marcha fueron los que actuaron violentamente. Inmediatamente, cambiaron el discurso y tanto ellos como los tontos útiles de siempre salieron a justificar el repudiable accionar, argumentando estupideces como que “una protesta no puede ser pacífica”, “siempre debe haber un grado de violencia” o “una marcha no es una procesión”.

Lo concreto es que las grabaciones han puesto en evidencia el desprecio que un grupúsculo de radicales tiene por la autoridad, la democracia, los derechos de las demás personas y la ley, dejando en claro que están dispuestos a usar la violencia.

Tanto Fernández como Cardama, y muchos de los que promueven estas marchas, se identifican en sus redes sociales como anarquistas. Es decir, seguidores de un movimiento que busca la desaparición del Estado.

Por ello no debe sorprender que estén dispuestos a destrozar la ciudad, atacar a la Policía o incendiar bienes públicos. Pero sí debe ser un llamado de alerta para las autoridades.

Las marchas se pueden desarrollar con absoluta libertad, pero no se puede pasar por alto a quien desata el caos y la violencia. Así de simple. Se debe ser firme y aplicar la ley.

Cardama fue detenido junto a otros 14 violentistas. Todos fueron liberados por el Poder Judicial arguyendo falta de pruebas. Esta semana se produjo otra marcha y una turba volvió a atacar a los policías con palos y piedras. Al final se detuvo a diez violentistas que, imaginamos, en las próximas horas también quedarán en libertad.

Ante este tipo de situaciones, se debe levantar la voz y rechazar la impunidad. Basta de cojudeces. La democracia no puede ser boba y las autoridades no pueden ser estúpidas. Pónganse los pantalones.