Mientras mueren los niños

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Francisco Diez-Canseco Távara 

Mientras muere 1 niño diariamente en el Perú por el friaje o las heladas, la subclase política peruana sigue dedicada a pelearse entre sí por un poder del cual saben muy bien aprovecharse pero el que sin duda no ejercen en beneficio del pueblo al cual teóricamente representan.

Mientras mueren los niños y, por cierto, también muchos adultos en los Andes de nuestra nación, en el Congreso prosigue la disputa por la nueva Junta Directiva cuyos cargos son esencialmente cosméticos en un escenario donde dicho Poder del Estado se hunde cada vez más en el abismo de un desprestigio promovido por la defensa que en él se hace de intereses creados, el blindaje de diversos mafiosos que lo integran y la frivolidad y figuretismo de otros que realmente se zurran en la honda crisis por la cual atravesamos, además de exhibir su pobreza moral y su plata como cancha sin pudor alguno.

Mientras mueren los niños, mueren con ellos también los valores de una sociedad en la que la representación política se ha convertido en un impune saqueo colectivo sustentado por una nueva plutocracia carente de solidaridad y sentido cívico y que se ha acostumbrado a comprar la conciencia de la gente con vil metal.

Y, como cien años después de la frase de Gonzales Prada -“el Perú es un organismo enfermo, donde se aplica el dedo brota el pus”- todo sigue igual y peor, los friajes anuales de la zona alto andina siguen provocando muertes sin que se tomen las indispensables medidas preventivas.

Mientras mueren los niños, sin embargo, si hay iniciativas privadas de damas como Rosa María Philips y Bella Grinberg que año tras año suben a 4000 mil metros de altura para llevar ayuda solidaria a esos chicos y adultos que se mueren literalmente de frío porque las autoridades realmente carecen de sensibilidad social.

Lo que quiere decir que, como ya lo sabemos, si hay una inmensa y silenciosa

mayoría que preserva esos valores perdidos por nuestra subclase política y que sigue actuando pese a ella en forma desinteresada y ejemplar y que merece una Revolución Pacífica que recoja su ejemplo para bien del Perú.