La corrupción, la epidemia de América Latina (IV)

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Alter Himelfard

Estos, son casos particulares, pero no perdamos de vista, que en todas partes “$e cuecen haba$”

En los años 49 al 52, yo veía cómo la calle 36, la Calle San Juan, en donde vivía, (en el centro de Barranquilla, Colombia), era asfaltada o pavimentada,  por la Secretaría de Obras Públicas de la Municipalidad.

Los equipos, estaban marcados con el emblema de la mencionada Secretaría.  Los que laboraban, eran empleados Municipales. La calidad de las calles, duraban.

Se veía, cómo las reparaciones eléctricas, las desempeñaba la Empresa de Energía.  Los vehículos de la empresa, con sus escaleras telescópicas, arreglaban o cambiaban el “transformador de la cuadra” o la lámpara “quemada” de algún poste de la calle. Los técnicos, eran empleados municipales. Todo funcionaba bien.

Igual con la Empresa de Teléfonos y la Empresa de Recolección de basuras. Funcionaban bien. El Acueducto, ni se diga, una empresa modelo.

Igual ocurría, a nivel Departamental, durante años.  Las respectivas Secretarías atendían las necesidades de los diferentes municipios, hasta cuando comenzaron a “feriar” poco a poco, a las empresas oficiales.

¿La causa? Respuesta: ¡La Corrupción! Se fueron formando vicios por causa de pésimos manejos.  Gerentes pusilánimes, pésimas relaciones “obrero patronales”. Sindicatos, que “pedían más que dame” y como consecuencia, laxitud y una idiota condescendencia, con peticiones extravagantes: En Bogotá, Colombia, la Empresa Distrital de Servicios (EDIS), manejaba los servicios mencionados, como también el del transporte, con los llamados  Trolebuses, que funcionaban con redes eléctricas. ¿Pueden ustedes, apreciados lectores, imaginar que entre los años 70 al 80, ya Bogotá gozaba de un servicio de transporte, económico, ecológico, eléctrico, sin polución, con conductores uniformados, educados, con paraderos fijos previamente establecidos?

Pero no, la serpiente de la corrupción pasaba de los propietarios de busetas al Concejo Distrital  y viceversa.

(Las busetas  pequeños buses de pasajeros con una única entrada, sin salida.  Los pasajeros debían moverse, encorvados.  El conductor manejando “a toda mecha”, parando en cualquier punto del recorrido; donde le levantaran la mano, para subir o para bajar; “peleando la guerra del centavo”, porque no tenían salario;  sobrevivían de un porcentaje del recaudo, sin Seguro Social, sin derecho a Pensión, sin derecho a prestaciones laborales, ante la corrupta vista del Ministerio del Trabajo).

Los propietarios de la “busetas” y “buses de pasajeros”, se convertían en Honorable$ Concejale$ e igualmente, Honorable$ Concejale$, entraban al negocio del tran$porte público.  La corrupción comprendía, que ellos tenían la “$artén por el mango”, de hacer en materia de tran$porte, lo que no $e debía hacer.  Los requi$ito$ y prerrequi$ito$ para montar una empresa de transporte, eran impuesto$ por ello$, a $u corrupta conveniencia.

Por una parte, el Sindicato de la EDIS, pedía entre otras extravagancias, que cuando hubiera alguna vacante, SE LE DIERA PRIORIDAD A FAMILIARES DE QUIENES ACTUALMENTE LABORABAN, O A FAMILIARES DE QUIENES SE RETIRABAN DE LA EMPRESA… ¿Cómo “carajos” se maneja una empresa en ésas condiciones? ¿Cómo puede haber disciplina y seriedad en una empresa así?

Obviamente, no había disciplina ni eficiencia en ese adefesio de empresa.  No había contratación por méritos, sino de carácter sanguíneo.  Y a la postre, la EDIS se volvió económicamente inmanejable.  Liquidando en primera instancia, el servicio de los trolebuses.  Una competencia muy fuerte, contra el caótico sistema de transporte privado, de propiedad de unos cuantos Honorable$ Concejale$.

Ejemplos, de cómo la corrupción, lentamente elimina un buen servicio en manos del Estado, prestando una función social, transformándolo en un corrompido monopolio.

Esto lo podemos “visualizar” mejor, en la “$uba$ta, que se va a hacer de la empresa ELECTRICARIBE, según apareció en el periódico de papel EL HERALDO de Barranquilla, Colombia, el 9 de Julio pasado:

“El mercado de energía de la Costa Caribe tiene un alto potencial de crecimiento y esto lo hace atractivo para los inver$ioni$ta$ que esperan la apertura de la subasta”

(¿Quién podría dudar, que el mercado de energía no sea atractivo, cuando “siempre” está en crecimiento?)

“La Costa Caribe es un mercado de energía con alto potencial de crecimiento, con más de 11 millones de usuarios, un acelerado desarrollo industrial y una importante proyección de aumento de la demanda”. (Es demasiado obvio).  “Es por ello que el negocio de comercializar y distribuir la energía eléctrica en la región no le es indiferente a inversionistas que visionan bueno$ re$ultado$ con e$ta operación”.

Ahora, la pregunta final: ¿Cómo es que el Estado no visiona, como ejemplo, que manejando eficientemente el Servicio de Energía, le ha de producir esos buenos resultados?

¡Poco falta, para que en un futuro, los Presidentes Latinoamericanos, sean nombrados por Licitación Pública Internacional.  Hasta le podría ir mucho mejor a América Latina!