La corrupción, la epidemia de América Latina (VI)

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Alter B. Himelfarb W. – Miembro A.I.E.L.C.

En nuestro  Art. anterior, en el punto 3º,  que hablaba sobre los Cuerpos Colegiados, (Concejo, Asamblea, Cámara, Senado) decíamos que por su desinteresado servicio a la patria, era razonable que los miembros de los mismos, recibieran un reconocimiento económico.  No un *salario*, pero sí, unos *honorarios*.

En realidad, *nadie los ha contratado*.  Voluntariamente se han ofrecido a prestarle un desinteresado servicio a la sociedad.  Por tanto es más que justo que reciban un ingreso razonable, porque si no, quedaría la familia desamparada económicamente. Por ello, repito, la Sociedad le otorgaría unos Honorarios.

De ahí, más que justo y técnicamente razonable, que sea la Sociedad y no ellos, quien fije periódicamente el monto de esos honorarios.  La modestia que caracteriza a dichos personajes, los inhabilita para que sean ellos mismos quienes se fijen sus propios honorarios.

Una vez, fijado el monto de partida o inicial, se podrían “amarrar” los siguientes aumentos, con la fórmula que ellos han creado para los salarios mínimos, cual es, -como ocurre en algunos países-, con el porcentaje del IPC (Índice de Precios al Consumidor). Obviamente, tienen toda la libertad, para cristalizar su voluntad  o no, bajo esas condiciones. Al fin y al cabo, nadie los obliga ni los presiona a ser “Miembros de Cuerpos Colegiados”.

Y a estas “alturas de la vida”, uno se pregunta: ¿Para qué han servido, desde la independencia, los Partidos (políticos)? O será, que efectivamente lo que hacen los “Partidos”, es partir el país, en vez de mantenerlo unido.  O será que se cumple aquél adagio, de “Divide y Reinarás”.  ¿Como que los Presidentes de los partidos X, Y o Z, cada uno a su turno, “Reinan porque el país se encuentra dividido, se encuentra partido?   

Y en este punto, rememoramos a nuestro Libertados Simón Bolívar con las palabras finales de su testamento y de su vida: “Si mi muerte contribuye para que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro”.

Cuenta un historiador venezolano, Fabio Puyo Vasco en una nota escrita en 1988, que durante la visita de Bolívar al Cuzco, en 1825, “Bolívar sufrió un gran impacto emocional al conocer la ciudad de Cuzco, (…) le entristeció, sin embargo, encontrar a los indígenas en un estado de miseria lamentable”.

Casi 200 años después, con Cámara, Senado y etcéteras,  ¿ha cambiado la región de Cuzco?   

Es decir, nuestros países Latino Americanos desde sus respectivas fechas de Independencia,  ¿hemos logrado cambiar –y mejorar- el nivel de vida de todos los “Cuzcos” de nuestros países?  ¿El *libre juego* de la Democracia, ha sido útil, ha servido o ha sido bondadoso para todos esos “Cuzcos”?

¿La Democracia que hemos vivido desde entonces, ha servido para generar justicia?  ¿Ha servido para evitar o para avivar la corrupción?