¿Qué es la corrupción?

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Martín Belaunde Moreyra

Pregunta que hoy se formulan miles de peruanos sin lograr una respuesta concreta. Por lo que he leído acerca del tema, algunos especialistas señalan que la corrupción es un hecho esencialmente moral o, mejor dicho, de ausencia de moral, otros indican que más bien es de naturaleza económica. El autor de esta columna diría que es un fenómeno de malformación moral con inevitables consecuencias económicas. Para investigarla debe seguirse la ruta del dinero. La corrupción obedece entonces a una decadencia ética, mediante la cual la persona humana pone como prioridad en la vida su enriquecimiento individual, por encima de cualquier otro objetivo y sin tener en cuenta las necesidades de la sociedad. Si a eso agregamos que muchas veces los corruptos ejercen las más elevadas funciones del Estado, la corrupción también se traduce en la satisfacción de la vanidad personal y en el disfrute de honores y privilegios, que el ciudadano común y corriente mira con la impotencia de no poder corregir sus espurias manifestaciones.

Entonces no cabe duda que la corrupción es una expresión de supremo egoísmo que se traduce en la comisión de actos u omisiones delictivas, penadas por la ley, que el sujeto ignora al sentirse por encima de ella y además porque la experiencia reciente la da un claro mensaje que sus actos corruptos no serán detectados ni menos sancionados. También implica un desprecio mayúsculo de los valores universales de la cultura y de la civilización. Por cierto, asimismo de un adormecimiento de la conciencia, incluso de la más elemental prudencia, no solo en la forma de actuar sino igualmente en la manera de expresarse.

En los últimos audios se ha podido apreciar un lenguaje muy propio de ciertas redes de personajes enquistados en los tribunales de justicia, los más altos y también de los intermedios, lo cual nos hace suponer que esa misma corriente debe manifestarse en niveles de primera instancia e incluso de la justicia de paz. Es un lenguaje amical de compadrazgo, lleno de diminutivos como el de hermanito y otros de similar alcance, en virtud del cual se muestra una poderosa, por no decir tenebrosa, mafia y que a la vez festiva red de favores mutuos. Todo ello igualmente se traduce en la captura de ciertas instituciones claves en la administración de justicia, sea dentro del Poder Judicial o en el Ministerio Público, así como del defenestrado Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), a fin de lograr que nuestro Perú sea un país firme y feliz en la corrupción unida, que como reza el dicho popular, jamás será vencida.

Pero hay algo más que nunca debemos olvidar, la corrupción necesita de un soporte material a la vez que intangible. Ese soporte no es otro que el PODER, escrito con mayúscula, que como dijo un pensador inglés del siglo XIX, Lord Acton, cuyo nombre ha sido mil veces olvidado, pero paradójicamente no menos citado: “El PODER corrompe. El PODER absoluto corrompe absolutamente”. Ahí tenemos el factor de sustentación de la corrupción, porque sin él no camina. Alguna vez otro filósofo inglés, Bertrand Russell, dijo que el Poder es a las ciencias sociales, lo que la energía es a las ciencias físicas. Así estamos hoy, ciertamente no por la gracia de Dios.