La bicameralidad: ¿El nuevo lobby?

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Iván Torres La Torre
Iván Torres La Torre

IVÁN TORRES LA TORRE

Una bicameralidad es importante, necesaria y políticamente interesante en un parlamentarismo maduro, institucionalizado, en una democracia sólida y sin lugar a dudas, con referentes que sean verdaderos arquetipos de la política nacional; que sean verdaderos dignos representantes de la intelectualidad política, constitucional y parlamentaria de la República.

En el escenario de nuestra política nacional se va escuchando a gritos el pedido de la implementación de una bicameralidad. Comienzan a vociferar, a mandíbula batiente, los “opinólogos”, los políticos trasnochados, los lobistas de la política, los que fueron en algún momento “inqulinos” del parlamento y no ven la forma de regresar para hacer sus precarios negociados o presentar sus discursos intrascendentes, según ellos esta vez en la cámara “de la reflexión” ja,ja,ja.

La bicameralidad, en nuestra política actual, solo serviría una vez más, para los negocios políticos, para la obstrucción, para la revancha, pues aquí en el Perú hay escasos referentes de la política nacional y mucho menos, verdaderos constitucionalistas. Los que hay, y a quienes les expreso mi mayor respeto, se pueden contar con los dedos de la mano, pero éstos difícilmente van a exponerse a un voto popular. Las épocas de insignes juristas, como las de Javier Valle Riestra y otros acabaron; todos recordamos lo decepcionado estaba este ilustre constitucionalista, al punto que gritaba a voces sus ganas de renunciar al parlamento, pues los verdaderos parlamentaristas o constitucionalistas no se someterían a la ruindad política que hoy se vive.

Considero que, para implementar el sistema bicameral, primero debe sanearse la política nacional, es decir, contar con una verdadera ley de partidos que permita la formación de cuadros desde sus estructuras internas, elevar el estándar de requisitos para ser parlamentario y con mayor razón, los requisitos para ser un senador de la República, pues no basta ser carismático, famoso o popular para ocupar tan digna curul. Se debe replantear la composición del Congreso de la República, su presupuesto, su renovación parcial o total, su sistema de comisiones, sus facultades, pues últimamente el Congreso se convirtió en la fiscalía de la nación, perdiéndose el tiempo en muchos casos, pues esta prerrogativa es muchas veces mal utilizada con fines subalternos como el “ajustón” o la revancha política.

Finalmente, como conocedor del derecho, creo en el bicameralismo y considero que es una necesidad real para un verdadero parlamentarismo. Aplicarlo en el Perú sería una audacia, una temeridad política que maltrataría más aún las pocas posibilidades para reestructurar este poder del Estado, pues definitivamente para recuperar la credibilidad y la institucionalidad del Congreso de la República, aún no es menester implementar un senado. Hasta la próxima semana.