El salado de Salinas

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Ricardo Escudero

El complejo de superioridad y el sentirse propietario de la verdad es el nuevo juego de la izquierda transformada en lo que conocemos como lo caviar, una mezcla de atornillados en la moda y el grito revolucionario. Sus objetivos son los partidos, las religiones, las instituciones, la propiedad privada, el sentido de pertenencia y por supuesto, los medios de comunicación.

En estos momentos, los caviares de la prensa se la juegan contra la iglesia católica, la evangélica y cualquier grupo que dentro de ellas, cometan lo que califican como error o si alguno de sus miembros cae en un delito, que dicho sea de paso, debe seguir el debido proceso judicial y no el indebido proceso mediático.

La guerra de odios es imparable desde la izquierda y juntan sus organizaciones no gubernamentales –como las financiadas por el oscuro manipulador Soros- ampliando el ventilador de ataques, infamias, intimidación y difamación. Pero si alguien responde, gritan indignados, se sienten amenazados, dicen ser víctimas. Ahora, el atacante se hace el atacado. Y si se trata de un periodista anti sistema, las cosas se tergiversan tanto que el aullido pasa a ser un susto permanente, para evitar que se interrumpa su libertinaje de prensa.

El renegado se vuelve dueño del derecho a preguntar y no acepta nada más que lo que él quiere saber, para manipular la información, para traducirla a su gusto, para enlodar al entrevistado o investigado. Pero cómo son las cosas de la vida cuando se le voltea el pastel al inquisidor maltrecho. En una conferencia de prensa, que no ha debido costar 17,000 soles como las que sus amigos cobraban a una entidad pública por un acto algo parecido, el señor Salinas, luego de referirse a un sacerdote al que lo tiene en la mira hace tiempo por cosas que dicho hombre de la iglesia no ha hecho, fue preguntado puntualmente por unas asesorías algo complicadas, realizadas por él o por la empresa de su propiedad o patrocinio.

Se irritó, enfureció de inmediato y levantó la voz al periodista que hizo una simple y sencilla pregunta y rehuyó toda respuesta. Nadie le dijo algo de su vida privada ni sus asuntos particulares, sino del ejercicio de su profesión, porque siendo denunciante en favor de unas víctimas de abusos, sería a la vez protector de un denunciado en menosprecio de otras víctimas, pero que murieron y cuyas familias aun buscan justicia, la misma que no se logra entre otra cosas opinamos, por la protección, el lobby o las relaciones públicas ejercidas en el entorno político, judicial y por supuesto, mediático.

Una pena la mirada de odio del señor Salinas, pero mayor lástima para él, resultar un muro de soberbia, usar la palabra libertad de prensa cuando lo que el público quería saber era si en su calidad moral de defensor o víctima, era en paralelo, a la vez, defensor de victimarios, porque para caminar derecho, claro y correcto señor Salinas, hay que tener transparencia y no huir.