La degradación de la fe

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Por Martín Belaunde Moreyra

No solo me refiero a la fe religiosa muy venida a menos en muchos países de occidente, en buena medida por los pecados de la propia clerecía católica. Aludo fundamentalmente a la incapacidad de creer en algo trascendente en un mundo convulsionado por la pérdida de valores y por la incógnita ante los grandes peligros del futuro. La humanidad en el siglo XX logró sobrevivir el azote de dos guerras mundiales y dos revoluciones político- sociales en los países más grandes de la tierra. Rusia en el ámbito territorial, 23 millones de km2 y 300 millones de habitantes hasta el año 1991, cuando se disolvió la Unión Soviética. China quizás el segundo país desde el punto de vista territorial, 10 millones de km2, pero definitivamente el más poblado del planeta con cerca de 1,400 millones de habitantes. Si juntamos sus territorios, ambos Estados ocupan alrededor de la mitad de la masa continental euroasiática, constituyendo un poderosísimo núcleo de cohesión de acuerdo a las antiguas teorías geopolíticas.

Sin embargo, el mundo logró reponerse de todas estas conflagraciones y además prosperó en el período de paz que hemos gozado desde 1945 hasta hoy. Claro  que alterado por ciertas sangrientas guerras focalizadas como la de Corea (1950-53), la guerra de 30 años en Indochina y particularmente Vietnam (1946-1975) así como las guerras de independencia en el continente africano, en especial las de Argelia, Angola, Mozambique, Namibia y una larga lista de conflictos internos y externos que flagelaron al continente africano en las décadas de los 60 y de los 70 del pasado siglo XX.

No obstante la segunda mitad del siglo XX se caracterizó por una tercera revolución económica, impulsada a su vez por una revolución científica y tecnológica, cuyo líder indiscutido ha sido y es todavía los Estados Unidos, seguido muy de cerca por  el Japón y el Asia Pacífico, la Unión Europea y América Latina a una larga distancia. En esa carrera incesante el Asia Pacífico y sobre todo la China en los últimos años, se han colado por los palos amenazando a los Estados Unidos en su liderazgo mundial. Todo lo cual ha originado un aumento exponencial de la riqueza que no solo se mide en capacidad de producción de bienes tangibles e intangibles, sino en un cambio cualitativo a través del mundo virtual de la computación que avanza hacia la inteligencia artificial, desplazando gradualmente al ser humano. En esta línea de progreso indefinido el hombre  puede caer en la tentación de reemplazar a Dios con su propia inteligencia sin medir las consecuencias de esa actitud, en cuanto a nuestra capacidad destructora no solo por una guerra atómica sino por la expoliación indefinida de los recursos naturales del planeta.

El cambio climático genera una nueva angustia que no será remediada por la arrogancia de los principales líderes de las grandes potencias, en particular de Trump pero no solo de él sino de sus reticentes aliados y enemigos, que nos pueden llevar a un abismo, si esa actitud no es frenada a tiempo. Y algo parecido puede pasar en el Perú que sigue creciendo en términos del PBI, a pesar de las últimas revelaciones de los audios, pero esta bonanza podría evaporarse si carecemos de la habilidad de entendernos políticamente.