Relación de residencias

0
402
Javier Valle Riestra
Javier Valle Riestra

Por Javier Valle Riestra

Vaca de Castro fue el primer gobernante del Perú sometido al juicio de Residencia. Fue condenado a suspensión de su oficio y prohibición de tener cargos y oficios de justicia por seis años; todo esto, además de una multa que frisaba a los 46.000 ducados. Mas tarde alcanzó un fallo absolutorio y se le recompensó con una encomienda.

El predecesor de Toledo, Licenciado García de Castro fue residenciado y condenado en asuntos de poca monta. En general, había tenido una conducta, y hasta el mismo Toledo, hablando de él, se refirió a su “buena voluntad”. Gran contraste habría, en cambio, con la rigurosa Residencia que se le impuso a quien como Toledo ha recibido calificativos que van desde “Solón” hasta “gran tirano del Perú”.

En el juicio que se le siguió en la Metropoli se le condenó a entregar 40.000 pesos a la Real Hacienda y le fueron embargados sus bienes. ¿Torres Portugal, Conde de Villar? Fue acusado de nepotismo; de falta de respeto para con la Audiencia; de no haber tenido buena correspondencia con el Santo Oficio; de no haber dirigido bien la lucha contra los corsarios.

Fueron de tal tipo los cargos que “la vida del residenciado y la de su hijo quedaron al desnudo”. ¿Príncipe de Esquilache? Este Gobernante, curioso por su erudición, fue condenado a una pena tan considerable que se vio obligado a pagar a plazos las condenaciones, dice Luis Durand Flórez. Los Virreyes de Guadalcázar, Mancera, Salvatierra, y Alba de Liste fueron residenciados y absueltos, con excepción del penúltimo que fue condenado a pagar 110.000 ducados.

El famoso Virrey Conde de Lemos murió ejerciendo el cargo, y fue sometido a un póstumo juicio de residencia del que la limpieza de su nombre salió victoriosa, pese a la fiereza con que lo acosaron sus enemigos. Castelar: dos veces residenciado. Don Baltazar de la Cueva y Henríquez, Conde de Castelar, fue residenciado dos veces. Acusado ante la Metrópoli de ser responsable de unas quiebras ruinosas, fue destituido y confinado en Paita. La sentencia fue absolutoria prácticamente porque sólo se le condenaba por faltas leves en dos cargos. Alegóse, luego, que el juez había sido sobornado y se encargó a su sucesor que lo juzgase nuevamente. Salió airoso de esta segunda prueba, antes de que llegasen al Perú, las cédulas que decretaban el nuevo juicio, pues el Virrey entrante, Duque de la Palata, envió un informe favorable al ex mandatario.