Conflictos y valores en política

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Por Juan Sotomayor

Una de las características esenciales de la política es el conflicto, entendido en el buen sentido de la palabra, como la lucha digna, respetuosa e impregnada de valores, para alcanzar el poder con la finalidad de desarrollar planes de gobierno que obedecen a principios previamente definidos por la correspondiente organización política.

En nuestro país la forma más visible de la contienda política la encontramos en los procesos electorales que periódicamente nos permiten designar autoridades locales, regionales, congresistas y presidente de la república. Menos públicos son los intensos debates y enfrentamientos que se suelen presentar con frecuencia al interior de cada agrupación política para definir posiciones, liderazgos, alianzas y candidaturas.

Es natural que la contienda política, cualquiera que sea, despierte pasiones y sea motivo de disputas, roces y enojos. En la contienda política es natural también que haya vencedores y vencidos. Sin embargo, para que esa confrontación obedezca a los verdaderos fines de la real actividad política, es necesario que obedezca ciertos límites y reglas de convivencia, que pasan fundamentalmente por el respeto a la verdad, al contendor y a los ciudadanos en general.

Todo esto viene a colación, porque lamentablemente somos testigos que la confrontación política en nuestro país se ha convertido en una suerte de guerra de todos contra todos, donde lo más importante no siempre es hacer valer las ideas y propuestas propias, sino desacreditar al rival de turno, a cualquier precio y haciendo uso de cualquier medio posible.

Muchas veces se dice que en política es más importante lo que parece, que lo que verdaderamente es. Por eso, hoy lo más fácil para atacar a un rival y sacarlo del camino, es llenarlo de adjetivos negativos, aunque sea sin pruebas ni sustento, práctica que por su inusitada frecuencia ya nos parece normal.

En un sistema democrático tan desprestigiado como el nuestro, lo peor que un aspirante a líder puede hacer, es utilizar la política como instrumento de odio y demolición. Quien llega de esa forma al poder se dispara a los pies y solo está marcando la pauta de lo que podría sucederle en el futuro. En nuestras manos está rescatar los valores dentro de una actividad tan trascendente como la política.