Las maldades de Vizcarra

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Ricardo Escudero
Ricardo Escudero

Por: Ricardo Escudero

Uno no llega a conocer a las personas totalmente y aun después de tiempo se lleva asombrosas excepciones. Eso es lo que está pasando con el actual presidente y su contradictorio lenguaje, inexplicables anuncios y la ausencia casi absoluta de ideas y propuestas de gobierno que lo caracterizan a él y a casi todos sus ministros, salvo –valga decirlo- el responsable de la cartera de economía, que está reordenando el desastre dejado por su antecesor, el del paquetazo.

Para muchos, Vizcarra era un señor con antecedentes de gestión limpia en el pequeño gobierno regional de Moquegua, gracias a un buen manejo de su presupuesto y al orden que puso para cada asunto, destacando como eje la educación, una fortaleza que no se puede desmoronar jamás. Sin embargo, al pasar de lo pequeño a lo nacional, él cambió y se rodeó de gentes dispuestas a priorizar ambiciones personales o de grupos de interés, antes que ponerse como bandera de unidad, las legítimas aspiraciones ciudadanas.

Le han hecho creer –y él se lo cree en mi opinión- que puede ser un nuevo héroe, una nueva voz, un líder político que inunde con su legado al país. Absurdo, insostenible, irracional proyecto. El señor Vizcarra es un reemplazo constitucional del anterior presidente, que tuvo que renunciar ante la acumulación de escandalosas pruebas referidas a conflictos de intereses y operaciones financieras incompatibles con el ejercicio de sus responsabilidades públicas. Y entonces, debe completar un período, realizar las acciones que ofrecieron en bien el país y no estar inventando cada semana una nueva forma de pelear entre peruanos, llenando de odio y discursos su agenda violenta.

No es un presidente elegido, sino un suplente válido, el reemplazo, el fusible que permita la continuidad de lo acertado del anterior, y el cierre de lo perjudicial que estaba dejándonos. Pero, él cree que es su inicio, el comienzo de la nueva era Vizcarra, no señor. Es su debut, y el 28 de julio que corresponda, su despedida. En este tiempo que media entre la salida de su antecesor, haya sido mediante un complot de su primer ministro o un acuerdo con otros grupos políticos, no lo sabemos aún, el señor Vizcarra debe gobernar, ordenar la economía nacional, impulsar la inversión privada y no aumentar el gasto público, mejorar las oportunidades del empleo seguro, proyectar un país que permita pensiones y jubilaciones dignas, fortalecer el rol de las fuerzas armadas, darle respeto a las instituciones y promover la unidad, comenzado por el impulso a la familia matrimonial.

El Perú no es la hipoteca vencida de un mal gobierno, no es la herencia pesada de un mal presidente, es la consecuencia de lo que permitimos y frente a ello, las maldades de Vizcarra –porque eso son, maldades- no podemos permitirlas. Por eso, hoy que se ha enfrentado a las familias peruanas, tenemos que ponerle un freno al señor presidente y su entorno caviar, levantando la bandera de la familia, de la unidad nacional.