Así como nosotros perdonamos

0
2192
Sergio Tapia
Sergio Tapia

POR SERGIO TAPIA T.

¿El Estado peruano puede o no perdonar a Alberto Fujimori? Respondo a esta cuestión desde cuatro perspectivas: moral, jurídica, política e ideológico-partidista. Porque hay episodios que son moralmente legítimos pero no jurídicamente justos, y siendo a veces legítimos y justos no son políticamente recomendables. Así como hay situaciones en las que, por la saturación ideológica que emboba a las gentes o por pasión partidista echa por la borda la moralidad, la legalidad y la prudencia política.

El sustento de toda regla moral es hacer el bien y evitar el mal. Por lo que es lícito reducir los años de cárcel impuestos en las condenas, a quien es culpable de haber obrado un mal, aún si la pena impuesta fue proporcional al mal infringido. Tales condenas pueden ser legítimamente disminuidas, suspendidas, eximidas o revocadas, si hay motivo justificado.

La piedad, la misericordia y el perdón, sea del ofendido o de la autoridad, legitiman la reducción de las condenas. Consecuentemente, es moralmente legítimo el indulto, porque es el perdón o misericordia en manos del Presidente de la República. Es una gracia, una concesión; por lo tanto es meta-jurídica, va más allá de lo justo y del derecho.

Jurídicamente el pensamiento filosófico acerca de la justicia, la racionalidad del derecho natural, la legislación y las sentencias que aprueban las autoridades humanas; se ocupan extensamente de desarrollar las instituciones jurídicas de la gracia, la piedad y la misericordia que la autoridad puede ejercer. La amnistía, el indulto, la exención, la gracia, etc. son las denominaciones que han existido en todo tiempo y culturas.

Evidentemente, a diferencia de la moral que escudriña en la conciencia de la persona sus verdaderas intenciones, y juzga los actos humanos si son buenos o malos. Lo jurídico tiene limitaciones y menores alcances que la moral; lo jurídico estudia el proceso de adopción de decisiones de la persona responsable de lo que hace, y juzga sus actos externos así como sus consecuencias, con la finalidad de preservar o restituir la justicia en las relaciones sociales que la hayan dañado o haya estado ausente.

Se da, a veces, la disparidad de que un acto sea moralmente ilegítimo pero que esté legalizado, como las aberraciones del aborto, el llamado matrimonio gay, la fecundación artificial, así como denegar el perdón y la piedad al condenado afligido por la injusticia de la ley.

La Política es un arte, porque son conocimientos con destreza, es tener cualidades destinadas a la acción eminentemente práctica. La virtud de la política es la Prudencia, que otorga buen juicio para ponderar decisiones y sensatez para saber conducir la sociedad y las personas. La moral y lo jurídicamente justo sostienen al político para que adopte decisiones prudenciales, que hagan el bien y eviten el mal. En política son frecuentes los dilemas, de difícil resolución, cuando la moral y lo justo aconsejan una difícil opción, con el riesgo de que la autoridad pueda mermar su popularidad, pero para que la Justicia brille (Aristóteles decía que la justicia es como la estrella de la mañana).

La ideología es una grave miopía que deforma la visión de la realidad. Cuando contamina la política y la economía, el resultado es espantosamente inhumano. Botón de muestra son las experiencias del socialismo marxista a lo largo del siglo XX, y que se prolonga con el socialismo del siglo XXI en la famélica Venezuela y en el despotismo boliviano.

La ideología siempre será inmoral e injusta, y es subversión política. Porque es capaz de dispensar el perdón a quienes no se lo merecen (los criminales terroristas) y demonizar a su enemigo ideológico para negarle toda gracia y piedad. Porque, la ideología es y suscita odio.

Desde la perspectiva ética no hay razón para negar el perdón a Alberto Fujimori. En lo jurídico, el problema es su contaminación confusionista de los derechos humanos ideologizados. Además, el marxismo gramsciano ha infiltrado el sistema judicial peruano, y le resta a nuestros jueces ejercer la sindéresis o capacidad para juzgar rectamente y con acierto. Estas son las causas de lo maltrecho que está nuestro Poder Judicial: deshonestamente lento, vilmente ignorante e injustificadamente corrompido.

Finalmente, la bajeza moral corrompe la actividad política, tornándola incapaz de servir al bien, a la verdad y a la justicia.

En este contexto podemos explicarnos por qué se anuló ayer el indulto a Fujimori.