Odio y la política de pan y circo

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Por John Colonio

Schadenfreude es un término alemán que recoge la idea de “regodearse” o “regocijarse” del dolor ajeno. Está compuesta por dos palabras “Schaden” que significa desgracias o infortunios y “Freude” que se traduce como alegría.

Esa palabrita, sin lugar a dudas, ha estado presente en muchos antifujimoristas que, sin ningún rubor, ha saltado al techo de felicidad por la decisión judicial (parece más arma política), que dispone el retorno de un anciano de casi 80 años a prisión y, de paso, burlarse del llanto de una hija consternada por la difícil situación de su padre.

Parece que somos una sociedad enferma que, lejos de pedir justicia, nos regocijamos del dolor ajeno. Los más felices con el retorno del expresidente Fujimori a prisión son los izquierdistas radicales y caviares, y algunos “asesores” de oficio, quienes, después de haber trabajado para el fujimorismo, hoy no dudan danzar de felicidad.

¿El indulto fue irregular?, claro que lo fue, no se puede tapar el sol con un dedo: fue producto de una negociación debajo de la mesa para evitar la vacancia de un presidente, cuyas empresas recibieron plata de Odebrecht, constructora implicada en el más grande escándalo de corrupción de toda Latinoamérica.

¿La gracia presidencial fue justa?, claro que lo fue, no se puede tener encerrado a un expresidente con una avanzada edad y que está sufriendo múltiples complicaciones de su salud. No se necesita ser médico para darse cuenta que a la edad del expresidente Alberto Fujimori es comprensible que aparezcan enfermedades crónicas, las cuales se agravan con el encierro. Victoria pírrica para quienes tumban a un anciano de 80 años y lo obligan a suplicar que no lo maten en vida.

El anuncio del presidente Martín Vizcarra, en el sentido que respetará el fallo judicial que anula la gracia presidencial demuestra que le importa poco o nada defender la institución presidencial: el indulto humanitario es atribución de los mandatarios consagrado en la constitución.

Al parecer, continuaremos con la política de pan y circo, que fue usada por antiguas autoridades romanas y que consistió en distribución de alimentos y organización de espectáculos de diversión al pueblo, con el objetivo de disminuir la insatisfacción popular.

Tal es así que para mantener el control social y ampliar su apoyo político, Octavio Augusto, primer emperador de Roma, organizó la distribución de trigo y promovió espectáculos gratuitos a fin de calmar a las masas y asegurar su estabilidad política.

Cosa similar ocurre hoy, el presidente Vizcarra busca permanentemente una confrontación con el Congreso y el Ministerio Público, dos instituciones con altos índices de desprestigio popular. Es decir, busca la distracción y el aplauso de la población.

Mientras esto sucede, la reconstrucción del norte del país sigue a paso de tortuga, los índices de anemia siguen creciendo, la delincuencia continúa avanzando, seguimos a la cola en compresión lectora en educación en América Latina y ni hablar del tema de salud.