El fujimorismo en crisis

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Carlos Linares Huaringa

Por: Carlos Linares Huaringa

Twitter: @carloslinaresh

Un cúmulo de malas decisiones ha llevado al fujimorismo al descalabro en el que hoy se encuentra.

De ser la principal fuerza política del país, con 73 legisladores en julio del 2016, ha pasado a ser una agrupación que se va cayendo a pedazos día a día.

Enfrascarse en una lucha de poderes con el Ejecutivo -que también viene actuando de manera irresponsable desde hace meses- antes que legislar priorizando el interés nacional, le ha pasado la factura.

El 20 de setiembre escribí en este mismo espacio: “Tanto Vizcarra como Keiko deben entender el rol fundamental que les ha tocado jugar dentro de la democracia, como mandatario y lideresa de la principal fuerza política en el Parlamento. (…)  Ejecutivo y Congreso deben asumir su responsabilidad ante el país y orientar sus esfuerzos a una agenda común de desarrollo”. Ninguno optó por esta vía sino más bien por una guerra abierta cuyo único objetivo era doblegar a su contendor.

Ese fuego cruzado se fue intensificando, pero terminó favoreciendo al gobierno, gracias al ‘gabinete de guerra’ que implementó desde hace unos meses Vizcarra.

Y aunque esta situación ha sido celebrada por el amplio sector antifujimorista, lo real es que el Ejecutivo se ha dedicado a la búsqueda del aplauso fácil, con medidas populistas y de un reducido efecto positivo para el desarrollo del país.

Esto no quita que Fuerza Popular también dedicó sus esfuerzos a definir una ofensiva sostenida en contra del gobierno. Muestra de ello son las conversaciones en el grupo de chat denominado ‘La Botica’, que fueron filtradas en los últimos días.

Dichos diálogos muestran esa forma autoritaria y casi chabacana en la que se conduce nuestra política nacional. Ojo que ello no es exclusivo del fujimorismo, sino de nuestra informal clase política, cuya prioridad es el interés particular antes que el nacional.

Sin embargo, el hecho de que sean sus conversaciones y no las de otra agrupación, en medio de esta crisis, han constituido uno de los golpes al plexo que los han mandado a la lona.

El otro tema fundamental es la investigación a Keiko y su agrupación política. Más allá de las falencias de la Fiscalía en la acusación contra Fujimori, sí existen evidencias suficientes que ameritan una mayor investigación en torno a las finanzas del partido. Sin embargo, creemos que el proceso en su contra debe llevarse a cabo en libertad, aunque todo indica que no será así.

En más de una oportunidad hemos señalado que, sin importar el pelaje político e ideológico, “todos los corruptos deben de terminar presos”. Lo que sí se exige es que todos sean medidos con la misma vara.

Más allá de la decisión que se adopte en el caso de Keiko, el fujimorismo enfrenta sus horas más oscuras y su futuro solo dependerá de su dirigencia y la proyección política que definan.