La anomia nacional

0
466
Sergio Tapia T.
Sergio Tapia T.

Sergio Tapia T.

Hay crisis individuales y hay crisis sociales. Son de distinta naturaleza.

Entre las crisis de índole individual, por cierto, una de las más severas es carecer de identidad. Es no saber quién es uno. Es desconocer de donde viene, y no saber a dónde va. Es perder la propia caracterización que lo diferencia de los demás. Es carecer de conciencia de ser uno mismo y diferente a otros. Es sencillamente una grave dolencia ignorar quien es uno.

Como conjunto de personas, la sociedad puede padecer de anomia, también. Y, es lo que me mueve a pensar con miras a concluir nuestro segundo siglo republicano, dentro de apenas dos años y medio.

Me apena que haya poco para festejar y mucho que lamentar, en vísperas de cumplirse nuestro bicentenario de la independencia republicana. Pues, el sistema político, denominado la República, anda más que fallido, íntegramente frustrado.

Somos subsidiarios de varias realidades, diferentes: la Patria, la Nación, el sistema político, la Sociedad Peruana, etc. Lo que anda mal es nuestro sistema político. Claro, que aunque no es la Patria, la afecta. De la misma manera, que, aunque no sea la Nación, la contamina. Y, aunque sea diferente a la Sociedad Peruana, la debilita.

El sistema político es una composición de varias realidades diversas y confluyentes: Sujetos responsables, modelo de participación, institucionalidad del Estado, organicidad de la sociedad, compromiso de promover el bien común, ordenamiento y jerarquización de valores, etc.

Siempre una celebración sirve para limpiar y ordenar la casa, preparándola para la fiesta. El problema es que, además que nuestra casa republicana se encuentra en un grave estado de desorden; los sucesos ordinarios socio-políticos, no conducen al entusiasmo de festejar algo, sino de lamentar mucho, muchísimo.

La Historia, que es maestra porque enseña, nos muestra que las sociedades pasan por etapas de suma decadencia, como también por épocas gloriosas. Hay etapas de progreso, y fases de nefasta depresión social.

En vísperas de nuestro bicentenario republicano, no vivimos lo mejor de nuestra Historia Nacional. Pues, hay un extendido sentimiento que algo nos defrauda en el Perú de hoy. Que si bien no renegamos de lo peruano que somos, sin embargo muy arraigados de qué somos, no lo estamos, en general. Nuestra identidad nacional peruana, sufre de conciencia lúcida, que nos hace incomprensible el sacrificio de nuestros prohombres.

¿Por qué el heroísmo del anciano Bolognesi? ¿Por qué el sacrificio del padre de familia numerosa del adulto ejemplar Miguel Grau? ¿Por qué la donación de su vida del adulto joven Alfonso Ugarte? ¿Por qué tantos nombres desconocidos que identifican plazas, avenidas y calles en nuestras ciudades?

Ignorancia que muestra un grave grado de “anomia nacional”: No sabemos por qué somos como somos, y no de otra manera. Al no ser conscientes de nuestra singularidad, en el concurso con otras naciones, careceremos de condiciones para realizar un destino común que una nuestras individualidades.

Las sociedades mutan. Hace dos siglos estuvimos maduros para la independencia y asumimos la forma republicana de gobierno, para regir nuestros destinos.

Hoy, la promesa bicentenaria republicana parece haberse agotado. Pero, nuestra Nación ha de seguir existiendo, y la Sociedad Peruana no se extingue. El bien común aún nos convoca. Y, la Historia como la Patria, reclama que nos espabilemos para levantar al Perú, y conducirnos a mejores condiciones de vida social y de organización política.