¿Es posible la bicameralidad?

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Por Martín Belaunde Moreyra

Fernando Tuesta Soldevilla ha declarado que la bicameralidad es la madre de todas las reformas. Esa declaración podría ser válida en cualquier momento, excepto el actual. Hoy después de los resultados del referéndum de diciembre último, conforme al cual la respuesta a la cuarta pregunta fue un 90% en contra, tal afirmación carece de sustento. ¿Será posible que un conjunto de personas de buenas credenciales en la teoría política, pero sin ninguna representatividad electoral, recomienden al Congreso que apruebe una reforma política a contrapelo de la voluntad popular? En mi opinión ello significaría caer en un grave extremo de arrogancia, en cuya virtud la opinión de algunos “sabios” vale mucho más que la expresión de la voluntad general.

A juicio del autor de esta columna, las reformas políticas tienen que pasar por un examen de realismo que presupone un mínimo de modestia en quienes formulan propuestas. La realidad política de un país en un momento determinado de su historia, no es un laboratorio en el cual se puedan hacer experimentos para lograr resultados presuntamente científicos. Ni el Estado ni la sociedad civil ni los individuos que la conforman, deben ser tratados como conejillos de indias con los cuales se puedan realizar pruebas experimentales. Las ciencias políticas quizás sean las menos rigurosas de todas, porque están sujetas a múltiples valorizaciones subjetivas con respecto al poder del Estado, que es su piedra angular. Y por encima de todo debemos considerar su aceptación en el seno de la sociedad cuando pretendamos aprobarlas con medidas específicas.

Con respecto al 90 % negativo de la cuarta pregunta, pueden esgrimirse muchas teorías. Por ejemplo, la recomendación negativa del presidente Vizcarra, sin duda influyó de manera decisiva en la opinión pública. ¿Pero podemos afirmar que fue el único factor que influyó en la respuesta? Por cierto, hubo muchos otros aspectos que también pesaron en el ánimo colectivo. Por ejemplo, la hostilidad creciente hacia la clase política parlamentaria, que se manifestó en una respuesta favorable de más del 80% en contra de la reelección congresal inmediata. Desde mi punto de vista existe un criterio generalizado que el Perú no debería tener un Poder Legislativo más grande del actual, con su secuela de mayores gastos y de una eventual mayor corrupción, lo cual también pesó decisivamente en la opinión pública.

¿Cuál fue el elemento decisivo para conformar la categórica respuesta negativa del 90%? Tendría que hacerse una encuesta muy prolija, en la cual se desmenucen todos los factores que entraron en juego. Y muy probablemente una encuesta retrospectiva tampoco daría todas las respuestas que se necesitan para contradecir el veredicto popular. Por consiguiente, aún en el caso del suscrito, favorable en lo personal a la restauración del Senado, debemos enfocarnos de manera distinta. Hoy ya no es posible cambiar el congreso unicameral. Más bien debemos atenuar los efectos negativos de la unicameralidad, en cuanto a la aprobación demasiado apresurada de las leyes. Se debe suprimir la exoneración de la segunda votación, que en sí misma implica precisamente eso. Los proyectos aprobados en el pleno deben merecer un descanso no menor de dos semanas para volver a ser votados y ninguno ser objeto de la exoneración del dictamen de comisiones. Ese podría ser un comienzo realista.