La comunidad internacional y el criminal Erdogan

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Ricardo Sanchez Serra

Por Ricardo Sánchez Serra

Los crímenes que ha cometido el presidente turco Recep Tayyip Erdogan en su país y en el exterior, solo ha suscitado escándalo en la prensa internacional, pero ningún organismo mundial ha proscrito a ese dictadorzuelo, ni se han aplicado sanciones a ese país.

¿Es acaso Turquía intocable? Algunos países le pagan por contener a los refugiados sirios que van a Europa y geopolíticamente es un país clave en el Medio Oriente y los países del Golfo por lo que con la complacencia de las potencias mundiales viola los derechos humanos, atenta contra la soberanía de otros estados y pretende no solo eliminar a la minoría kurda, sino también a todos los movimientos democráticos y hasta culturales como Hizmet o Gullen.

Erdogan chantajea a las potencias como el tema migratorio con Europa, seduce a Rusia en su coqueteo a Irán y su proyección geopolítica, enfada y se acerca a Estados Unidos con sus malabares, pero en una cuerda floja que no le a durar todo el tiempo.

¿Cómo viola la soberanía de los estados? Agentes de su servicio de inteligencia (MIT) ingresan a cualquier país buscando a pacíficos ciudadanos turcos –incluso los arraigados muchos años atrás- y los secuestran, se los llevan a Turquía, en donde sufren los peores vejámenes y torturas. Los raptos sucedieron en Kósovo, Malasia, Azerbaiyán, Moldavia, Turkmenistán, Ucrania, Gabón, entre otros estados (80 ciudadanos de 18 países); fracasaron en Mongolia y/o presionan a las naciones a expulsarlos.

Muchos turcos han huido al Perú (algunos se salvaron cruzando el Bósforo a nado)y se hallan en calidad de refugiados -reitero por la feroz represión en Turquía- trabajando pacíficamente, aunque subempleados, a pesar de ser profesores de historia, matemáticas, literatura antigua, profesionales en general, y no se entrometen en política. El tiránico régimen turco debe saber que esos ciudadanos están bajo la protección del Perú.

Erdogan sobornó con 15 millones de dólares a un general norteamericano para el fracasado secuestro del líder del movimiento Hizmet, Fetullah Gullen, un sabio, teólogo y predicador pacífico del Islam.

De acuerdo a organizaciones de prensa y de derechos humanos, Turquía tiene el deshonor de ser la prisión más grande del mundo para los periodistas, por tercer año consecutivo. Hace poco fracasó en Gran Bretaña la extradición de un propietario de medios de comunicación turcos, cuyo gobierno le incautó todo. Hamdi Akin İpek tenía una reputación intachable y el juez ingles resolvió no conceder la extradición por “riesgo real de violaciones del Convenio Europeo de Derechos Humanos”.

Turquía debe ser condenada por la comunidad al ostracismo, Erdogan juzgado por crímenes atroces en el Tribunal Penal Internacional y que los funcionarios de su gobierno no puedan transitar en países democráticos y congelar sus fondos y activos en entidades financieras y bancarias.