La tragedia de Apurímac: ¿Cuántos muertos más?

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Por: Phillip Butters

La tragedia de Apurímac deja una cifra pura y dura: 15 muertos y más de 30 heridos, o 40, o 50. En un país como el Perú, en el que un accidente de tránsito puede dejar 20 muertos, nos hemos acostumbrado a que simplemente sea la noticia de ayer.

En este caso, cualquier accidente de tránsito ocurrido la semana pasada es eclipsado por la tragedia de Apurímac, pero la pregunta queda en el tintero: ¿cuántos muertos más? ¿cuántos titulares más? ¿cuántos deudos más? ¿cuántas familias destrozadas?

¿A qué me refiero, amigo de La Razón? Hemos pasado un Fenómeno del Niño Costero el año pasado y pudimos ver cómo hoteles en el interior del país se deshacían como si fueran un castillo de naipes, porque los habían hecho con una licencia de construcción bamba, una licencia de fábrica bamba o con un permiso de ejecución bamba. ¿Cuántos muertos? De repente 5 o 6.

Sigo pensando cuánta gente se encontraba, durante el terremoto de Pisco, en diferentes edificaciones que se vinieron abajo.

Esas edificaciones también fueron producto de la improvisación, de la autoconstrucción, de una negligencia de quien las construyó, de quien las habitó y de quien dio las licencias y permisos de defensa civil bambas.

Eso pasó en Pisco, hace unos años, en un terremoto durante el gobierno de Alan García ¿Cuántos muertos hubo? Se pierde en mi memoria.

Si uno suma los muertos de Pisco y los del año pasado en el Fenómeno del Niño Costero, prácticamente se superan varias centenas.

Estas víctimas han perdido la vida a vista y paciencia del presidente de turno, del ministro de turno, del gobernador regional y alcalde de turno.

¿A cuánta gente se le vino abajo su casa en Chaclacayo, en Chosica, o al costado del río Huaycoloro? ¿A cuántos golpeó el Fenómeno del Niño Costero, que devastó calles y plazas?

Inclusive gente que vivía al costado de cementerios vio cómo flotaban muertos en la sala de su casa porque habían construido donde nunca debieron hacerlo, ni casa ni departamento ni hotel.

Lo que tiene que pasar en el Perú es que se deben homologar los permisos de todas las municipalidades y gobiernos regionales, para que haya una sola manera para que alguien asuma la responsabilidad, sea el alcalde, el hombre de Defensa Civil o el funcionario que sea para que esto pare. Nunca hay responsables penales por negligencia.

Miles mueren en Perú por la negligencia en la autoconstrucción y al final no pasa nada. Todos los años hay Fenómeno del Niño, huaico, desborde, temblor o la tragedia que fuera. Y como en la tragedia de Apurímac, hay muertos y familias absolutamente desoladas, pero los dueños -como el del hotel Alhambra- no dan la cara

Y tampoco da la cara el alcalde que permitió que se construya o el que dio la licencia de funcionamiento, etcétera.

Estos casos y problemas cotidianos son los que deben atender y resolver los gobernantes. Me refiero a las licencias de construcción, a los accidentes de tránsito y a las decenas de personas que mueren de la manera más absurda en un país telúrico, donde siempre hay huaicos y donde cada 10 años hay Fenómeno del Niño.

¿Qué se debe hacer? ¿Quién tiene que hacerse responsable? Basta con el sentido común y comenzar a buscar en los archivos de La Razón o de su medio de comunicación favorito para darse cuenta que la dejadez y negligencia hacen que miles de personas mueran año a año sin que nadie asuma la responsabilidad.

¿Cuántos muertos más? ¿Cuántos titulares más? ¿Cuántos gobernadores o alcaldes regalando títulos de propiedad a asociaciones civiles, que al final construyen sobre arena, o al lado de ríos o de cochas?

¿Cuántos muertos más como los de Abancay para que alguien asuma su responsabilidad?