Cambios en el Congreso

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John Colonio

El anuncio del presidente del Congreso, Daniel Salaverry, de que los ingresos de personal en esta institución sean por meritocracia y por concurso público, así como trasparentar las compras de bienes y servicios es el primer paso para recuperar la credibilidad en el Primer Poder del Estado.

Esta medida es saludable porque acaba con los “tarjetazos”, “empleados fantasmas” y  obliga a los parlamentarios a elegir a los mejores asesores y profesionales para hacer un buen trabajo en favor de sus representados.

Valgan verdades, el Congreso de la República es la única institución donde el ingreso de personal no es por concurso público, y lo peor es que no hay control sobre los trabajadores de los despachos congresales, quienes no marcan asistencia y en muchos casos son sometidos a horarios de esclavitud, incluso con mutilación de sueldos o en el otro extremo la contratación de “empleados fantasmas”, donde la prensa ya presentó un montón de casos.

Conozco al monstruo por dentro, y puedo asegurar que por el Parlamento Nacional ha pasado personal altamente calificado, pero que fueron reemplazados por la política silenciosa de convertir al Congreso es una agencia de empleos donde los beneficiados fueron la militancia del partido político de turno que llegó al poder, en el que colocarte un polo y cargar una pancarta del candidato en campaña electoral importa más que los diplomas y la experiencia.

Recuperar la confianza del pueblo es una tarea titánica, simplemente el Congreso goza de altos niveles de rechazo y desconfianza, donde sus más altos representantes destacan más en escándalos que en hacer una buen labor, esto es hacer leyes, control político, y de representación.

Ningún partido político en el Parlamento Nacional se salva del rechazo de la ciudadanía. Los mal llamados “padres de la patria” andan en escándalos tras escándalos, y son contados los políticos que se salvan de ese concepto y quienes elevan el nivel del debate.

Obviamente, la no reelección congresal no contribuirá en elevar el nivel del Congreso, ahí se equivocó el gobierno. Por ello, es necesario que el mejor personal guie a los nuevos legisladores en el 2021, muchos de ellos “pulpines”, para que el Parlamento recupere el prestigio y sea escenario de grandes debates como en las épocas de Luis Alberto Sánchez, Victor Raúl Haya de la Torre, Enrique Bernales, Manuel Ulloa,  Roberto Ramírez del Villar o Ernesto Alayza, por citar algunos ejemplos.