El poder militar de Perú y Chile antes de la guerra

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Las ventajas de cada uno de los países y la proyecciones de los analistas

Es opinión entre los historiadores neutrales que ninguno de los beligerantes estaba preparado para la guerra, ni financiera ni militarmente. Ningún país tenía un estado Mayor, ni suficientes ambulancias, ni servicio de abastecimiento.

Sus naves de guerra se encontraban en pésimo estado. En el caso de Chile, por ejemplo, la dotación militar efectiva había sido reducida continuamente de 3776 a 2400 soldados desde 1867 a 1879 y ninguna de las unidades estaba estacionada al norte de Valparaíso, a más de 1700 km de Iquique y significaban solo el 0,1 % de la población.

En la armada de Chile al final de la guerra, el 53 % de los primeros ingenieros, el 20 % de los segundos ingenieros y el 8 % de los aprendices eran extranjeros. El gobierno del Perú había cesado el pago de la deuda externa y en Bolivia había epidemias y hambre.

Según W. Sater, Chile y Perú llegaron a enlistar temporalmente al 2 % de su población masculina y Bolivia solo el 1 %. Se debe considerar que ambos ejércitos aliados profesionales del comienzo de la guerra fueron desbandados tras la batalla de Tacna y debieron ser reagrupados o formados nuevamente.

Los aliados tenían, a primera vista, algunas ventajas sobre el país del sur. Su población y sus tropas doblaban a las chilenas en número y el puerto peruano del Callao era con sus defensas de artillería casi inexpugnable para la flota chilena y ofrecía un refugio seguro a las naves peruanas.

En el Callao una firma inglesa ofrecía los servicios de un dique flotante para naves de hasta 3000 t lo que permitía complicadas reparaciones de sus barcos, de lo que hizo uso reparando sus naves antes de la guerra.

Quizás fueron estas las razones por las que la prensa internacional en un comienzo dio por segura la derrota de Chile.  La ambivalente actitud argentina y el permanente conflicto araucano ensombrecían las expectativas chilenas.

Como afirma Basadre sobre la opinión pública de su país: «Se desconocía entonces el verdadero poder de Chile y las espantosas consecuencias de la guerra, y se creía, por las gentes poco avisadas, que, como en conjunto, los países aliados eran más extensos que Chile, lograrían la victoria finalmente».

Otros observadores hicieron un análisis más profundo, que mostraba ventajas chilenas tanto políticas como militares.

Chile tenía desde 1833 un régimen político estable que le había permitido desarrollar y fortalecer sus instituciones. Entre ellas, su ejército y su armada tenían un mando formado en una escuela de oficiales, tropas fogueadas en la guerra de Arauco y uniformidad en el armamento (casi todos los fusiles chilenos de infantería, Comblain y Gras, usaban munición de 11 mm con vaina metálica y poseían bayoneta).

La armada de Chile poseía 2 blindados que eran, por el espesor de sus corazas, casi 6 imbatibles para la armada del Perú. Aunque existieron en Chile disputas entre militares y civiles por la dirección de la estrategia, siempre hubo un primado de lo político por sobre lo militar.

Su abastecimiento desde Europa podía realizarse a través del Estrecho de Magallanes que solo una vez fue amagado por la Marina del Perú.

En los ejércitos aliados, la falta de dedicación a sus funciones profesionales llevó a una situación en que se tenían varios tipos de fusiles con munición diferente para cada uno y a veces sin bayoneta, haciendo más difícil la instrucción de los reclutas, la manutención del equipo y el municionamiento durante la guerra. (W. Sater lista once tipos diferentes de fusiles aliados y solo cinco chilenos).

La Armada del Perú tenía antes de la guerra una buena parte de sus tripulaciones formadas por chilenos y tras su expulsión solo pudieron ser reemplazados por otros extranjeros. Los aliados tampoco poseían una artillería ni caballería comparable a la chilena. Al contrario del chileno, el abastecimiento aliado pasaba a través de terceros países, sujetos a la influencia de la diplomacia y la armada de Chile.

A ello se debe agregar que una vez en posesión de los recursos del guano y del salitre de Tarapacá, Chile percibió ingresos que le permitieron financiar la guerra, los que le faltaron al Perú y que tras la ocupación de Tacna y Arica, el comercio boliviano hacia y desde el Pacífico fue controlado por Chile.

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