Contra lo estratégico 

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Iván Guevara Vásquez 

En política, hay actos o hechos que atentan directamente contra toda forma de estrategia, ya sea para llegar al poder o para volver al mismo luego de pasado un periodo electoral. En el caso de las tácticas empleadas para la conquista del poder, mediante el triunfo electoral respectivo, uno de los principales errores que se cometen es el caer en algún tipo de ingenuidad; esto es, creer que todos los contrincantes son veraces y serios cuando el candidato tiene como regla la verdad y seriedad, por un lado, y, por el otro, pensar que los demás son una tira de mentirosos cuando el candidato está acostumbrado a mentir.

A manera de ilustración, mencionamos el caso de un joven candidato trujillano que postuló en una de las elecciones generales para congresista por La Libertad, pues éste cometió el craso error de confiar su propaganda electoral a unos ciudadanos que repentinamente le manifestaron una supuesta buena voluntad para ayudarle a colocar sus afiches en lugares claves de la localidad. Y es que lo que sucedió después de ese “gesto” fue la desaparición concreta de gran parte de su publicidad. Y algunos medios de comunicación de esa región  se cebaron con la noticia, tildando a dicho candidato de “chibolín” (o mejor dicho de “pulpín”). Todo por pensar que los demás iban a ser tan veraces o serios como él.

En el caso de las tácticas usadas para mantener el poder, mediante el triunfo electoral en las urnas, previa permisión o autorización legislativa (antiguas reelecciones congresales y para el mismo puesto en los gobiernos locales y regionales), uno de los más graves errores que se cometieron fue el caer en actitudes de soberbia y falta de humildad; es decir, creerse las luminarias de la política, los llamados a ser los eternos favorecidos con la voluntad del pueblo, mirando por debajo a los demás contrincantes. Sobre este hecho es de destacar la estrepitosa caída del ex alcalde de Lima, el que en vida fue Alberto Andrade Carmona, cuando éste postuló en las elecciones municipales y regionales de 2002.

Otro de los actos que atentan contra lo estratégico es el de dirigirse principalmente al sector económicamente pudiente, en desmedro de las clases populares.

En ese sentido, no hay nada más antiestratégico en política que el candidato se pasee escondido en un vehículo de lunas polarizadas en medio de la ciudad la mayor parte del tiempo, y sólo en época electoral salga a pasear a los mercados populares desesperado en busca de votos, y que incluso en su desesperación manifieste cierta repulsión cuando dentro de esos mercados se le ofrezca un plato de comida o simplemente un abrazo sincero. Este grave error por cierto que no puede ser imputado a los asesores del político, pues, en primer lugar, los asesores políticos no son los que finalmente toman la decisión, y, en segundo lugar, no merece gobernar quien no tiene auténtico sentimiento democrático en su corazón, ni es capaz de ser empático con la persona que se le acerca con los brazos abiertos en medio de los mercados populares, donde algunos políticos nunca hacen sus compras para el cotidiano vivir.

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