EL Apra: Alternativa política

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Javier Valle Riestra
Javier Valle Riestra

Por: Javier Valle Riestra 

Que alguien se hiciera aprista en 1931 era lógico; la seducción oratoria y carismática de Haya de la Torre, un líder de treinta y seis años que prometía cambiar al Perú de los viejos era suficiente.

Hacerse aprista hasta 1945 fue también fácil de entender: El Partido del Pueblo era la fuerza del cambio y de la resistencia a las dictaduras oligárquico-militaristas. Fue también la elemental explicación entenderse aprista entre 1948 y 1956; resistíamos a ultranza la dictadura plutocrática de los agro-exportadores.

Ser aprista o afiliarse al P.A.P. entre 1956 y 1962 fue más difícil. Era los dos días apoteósicos de la Revolución Cubana en que jóvenes de treinta años liquidaron a Batista y al imperialismo. Otros jóvenes echaron a Pérez Jiménez.

Fueron años indoamericanos de definición, de radicalismo democrático. El aprismo en cambio aparecía forzado a una política de eufemismo, de realismos, de olvido de los crímenes del ochenio y de apoyo al régimen pradista como esperanza de un año 1962 para Haya de la Torre por la vía electoral.

No vivía Haya en el Perú, y de todo eso cuadro se aprovechaba taimada y ambiguamente Acción Popular simulando izquierdismo y aprismo. En 1956 exigían legalidad para el APRA y lo derogatoria del decreto que declaró indigno de la ciudadanía peruana a Víctor Raúl los populistas aparecían reclamando en las calles lo que nuestros líderes gestionaban a alto nivel.

Lógicamente nuestra acción estaba interferida. Ser aprista era difícil. Ser populista fácil, cómodo. Sin embargo, la postulación de Víctor Raúl a la presidencia sacudiría las esencias más profundas de los apristas viejos y neófitos que nos lanzamos incluyendo, a quienes nos habían alejado voluntariamente a la tarea de llevarlo al poder.

Fue despojado de su victoria, pero eso nutrió nuestro aprismo por considerarlo una forma eficaz de oponernos al militarismo y a su provocación.

1963 fue el comienzo de un lustro complejo. El entendimiento con la ONU fue aceptado a regañadientes e internacionalmente determinó un jaleo que nos fue difícil superar.

Eran muy frenéticas las intenciones parlamentaristas de frenar la demencia termocéfala de AP y fue muy fecunda la labor legislativa del APRA-ONU, pero ante terceros era como asistir a un análogo pacto de Acción Democrática con Pérez Jiménez o de los liberales con Rojas Pinilla.

Ya sé que no fue un entente con la Dictadura de Odría, sino con un Partido de inspiración legal al que el pueblo entregó quinientos mil votos. Pero fue difícil, sumamente difícil.

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