Las AFP en el Perú

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Martín Valdivia
Martín Valdivia

Por: Martín Valdivia

En Chile (su lugar de origen) ya no las soportan. Una gigantesca marcha contra las AFP – se calcula que unas 10 mil personas – se volcó a las calles de Santiago para pedir que estas instituciones desaparezcan del mapa cuanto antes. Este sistema previsional de capitalización individual, forzoso, privado y gestionado por el sistema financiero hace aguas en el país del sur luego de casi 40 años de ser creada.

Los marchantes, así como sucede en Lima, acusan a las AFP de apropiarse de sus dineros, ganar altísimas comisiones y de “nunca perder plata”, pues son los aportantes los únicos que se la juegan en cada transacción que hacen, básicamente en bolsa. En los hechos, los trabajadores terminan con pensiones de hambre que, mensualmente, alcanza a un tercio del último sueldo obtenido como empleado activo.

En el Perú esto ha provocado que miles de aportantes opten por la jubilación anticipada que, según las AFP, involucra a unas 120 mil personas anuales. Entonces, valdría la pena preguntar: ¿por qué la gente prefiere retirar su dinero y no permanecer en una AFP para percibir una pensión? ¿Por qué esta fuga masiva si, se supone, estos fondos servirán a los jubilados para pasar una vejez digna y sin sobresaltos?

La respuesta es sencilla: porque las AFP no ofrecen garantías de una jubilación siquiera justa, salvo que usted haya sido un gerente general que ganara unos 60 mil soles mensuales y hubiera aportado digamos, unos 30 años.

El común de los peruanos gana entre los mil 500 y 3 mil soles, es decir, cifra ínfima que sólo sirve a las AFP para cobrar sus altísimas comisiones pero que no asegura, para nada, el pago de una pensión digna. ¿Vale la pena aportar por 20 o 30 años a un fondo de pensiones que, al final de nuestra vida laboral, nos devuelve ese dinero en cantidades irrisorias que ni siquiera cubren las necesidades básicas de una persona?

¿Por qué una AFP tiene que administrar obligatoriamente mis fondos, encima cobrándonos una comisión escandalosamente alta? Estas instituciones financiaras deben dejar que la ley de la oferta y la demanda (o de la atracción, diría yo), haga sus propios acomodos. El tiempo y sus “clientes forzosos” se encargarán de dictar la suerte que corran las AFP, si es que no desaparecen antes.

NI el Estado ni las AFP tienen por qué decirme qué hacer con mi plata. Cada peruano es lo suficientemente inteligente como para saber qué hacer con su dinero. Invertir en un negocio, depositar a plazo fijo, comprarse algún bien que le genere más ingresos o simplemente comprarse lo que le plazca: cualquier cosa es mejor que dejar el dinero en una AFP que no hará otra cosa que sentenciar su muerte a cuentagotas. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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