Una muerte que enluta al Perú

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Martín Valdivia
Martín Valdivia

Por: Martín Valdivia

Elegido presidente de la República a los 35 años, Alan García inauguraba un mandato político tiznado de incertidumbre, terrorismo, hiperinflación y caos. Su modelo estatista de los años 80 no pegó en un país castigado por años de olvido y postración. Sus enemigos políticos nunca le perdonaron sus aventuradas decisiones políticas ni su abultado ego, esa costumbre de mirar por encima del hombro a todos quienes se acercaban a su entorno.

Y comenzó la primera persecución. Fernando Olivera, el recordado “Popy” fue uno de sus más encarnizados enemigos. Pese a ello, nunca se le probó nada y retornó al Perú luego de varios años en Colombia Y Francia. Pero Alan quería reivindicarse con el Perú, intentó la presidencia frente a Alejandro Toledo el 2001, la perdió en la segunda vuelta. Volvió a presentarse el 2006 y logró la presidencia arrebatándosela en el “balotage” a Ollanta Humala.

Y García cambió. Abrazó el neoliberalismo económico y realizó un gobierno, diría yo, exitoso. El PBI del Perú creció en casi 8%, llegando hasta casi el 9% en los siguientes años. El boom del precio de los metales lo acompañó, con suerte, durante esos años. El país rebosaba de optimismo, con un consumo interno masivo, el crecimiento de una clase media hasta esa fecha postergada y una oferta laboral que cubría las expectativas de miles de jóvenes.
Pero comenzó el fantasma de Obredecht. A García se le vinculó a lavado de activos, colusión y tráfico de influencias. La fiscalía lo acusó de recibir sobornos de Odebrecht para adjudicar a esta empresa la ejecución de los tramos 1 y 2 de la línea 1 del metro de Lima en el 2009, sin mencionar el supuesto pago de 100 mil dólares por una conferencia en Sao Paulo, etc, etc.

Hoy, Alan García está muerto. Cogió un arma y se disparó un tiro en la cabeza en una decisión que ni el más encarnizado de sus enemigos lo hubiera imaginado. “Soy el hombre más investigado del Perú en los últimos 30 años”, dijo hace pocos días el fallecido ex presidente. Y es verdad. La percepción ciudadana de que era corrupto comenzó a ganar fuerza en gran parte de la opinión pública y, sin habérsele probado nada, sólo teniendo indicios como “pruebas”, se le ordenaba su captura preliminar.

El gigantesco ego de García no iba a permitir la afrenta de las marrocas, los flashes y las luces. No quería circo, no quería pasar por una situación de la que él se sentía ajeno. Y decidió lo peor: inmolarse.

Para muchos una evasión a sus responsabilidades; para otros, un acto reivindicativo de su honor, una suerte de “hara kiri” literal que lo llevó a poner fin a sus días y a dejar que más de una persona sienta remordimiento.

La pregunta que viene es: ¿qué pasará de aquí en adelante? El Apra es tal vez el único partido estructuralmente organizado del Perú, una agrupación política con más de 90 años de trayectoria. El Apra no le perdonará nunca esta triste situación al Gobierno de Martín Vizcarra. Ya se han escuchado voces echando la culpa directamente a su Gobierno. No será extraño – y lo decimos con mucha preocupación- que el Perú retorne a una época de inestabilidad política como producto de este suicido.

Con un partido reconstituido como Fuerza Popular (con la unificación de los Fujimori ad portas) y un Apra dolida hasta sus tuétanos, el Congreso será el nuevo escenario para la confrontación entre la oposición y el Gobierno de Vizcarra, debilitado por un descenso en las encuestas que lo tiene desesperado. No hay que ser magos para imaginar lo que será el Perú en los próximos meses. La necesidad de crear un consenso nacional es prioritaria. Dialogar, concertar, avanzar hacia el progreso del Perú y no convertir a este país en pequeños feudos de apetitos personales.

Que el suicido de García nos sirva para reflexionar acerca de la manera cómo está marchando el país.

Cómo esta suerte de “cacería de brujas” no sea el pan de cada día, que la “detención preliminar” no se utilice como primera medida de la justicia para los fiscales de esta nación. Una persona es inocente mientras no se le pruebe lo contrario. Jueves Santo. El Perú está de luto. Reflexionemos. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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