Intervención extranjera en la Guerra del Pacífico

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Las negociaciones secretas con Estados Unidos y Gran Bretaña

Los intereses comerciales y financieros en la zona estaban de acuerdo en que la guerra no les era favorable porque por un lado afectaban las vías del comercio y navegación, por otro lado dificultaban el pago de las deudas de los países beligerantes. Por esa razón siempre buscaron terminar la guerra.

Tras la ocupación chilena de Tarapacá, los gobiernos de Perú y Bolivia trataron de involucrar a los Estados Unidos de América a su favor para impedir la cesión de territorios a Chile.

El representante boliviano en los EE. UU. ofreció concesiones de guano y salitre a inversionistas estadounidenses a cambio de una protección contra Chile.

Los grupos de intereses acreedores del Perú, “Credit Industriel” y “Peruvian Company”, ofrecieron al presidente peruano García Calderón pagar la deuda externa peruana y las reparaciones de guerra a Chile a cambio de los derechos sobre la explotación y comercio del guano y salitre peruanos. Con la aquiescencia de García Calderón comenzaron a hacer lobby en los EE. UU. para impedir la cesión de territorios, siendo apoyados por el secretario de estado estadounidense James G. Blaine.

Por su parte los diplomáticos estadounidenses temían una intervención de las potencias europeas contraria a su Doctrina Monroe que disminuiría sus expectativas de expansión económica en Latinoamérica.

Sin embargo, también había intereses económicos personales en el asunto: el representante de EE. UU. en Lima, Stephen A. Hurlbut, aceptó una propuesta peruana de entregar Chimbote como base naval a los EE. UU. más concesiones carboníferas, en que estas últimas quedarían a su nombre.

En ese momento Hurlbut envió una carta a Patricio Lynch advirtiéndole que los Estados Unidos de América no permitirían la cesión de territorios peruanos. En septiembre de 1881 asumió el poder en los EE. UU. Chester A. Arthur, que no estaba dispuesto a inmiscuirse de tal manera en los asuntos sudamericanos.

El historiador estadounidense Kenneth D. Lehmann comenta la política de su país con las siguientes palabras:«Washington se había inmiscuido en una controversia sin tener una proposición realista: el anhelo moralizante de los EE. UU. tenía un aire de hipocresía a la luz de su propia historia, y las amenazas veladas no eran plausibles.»

En cuanto a una intervención de Gran Bretaña en la guerra, el historiador marxista británico Victor Kiernan, tras un detallado análisis de los documentos del Ministerio de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña (Foreign Office) enfatiza que ese ministerio nunca contempló intervenir ni intervino activamente en el conflicto, pero en cambio, estaba sumamente preocupado de no favorecer a algún beligerante dado que tras la guerra de Secesión, los EE. UU. obtuvieron mediante las Reclamaciones de Alabama una indemnización británica por la construcción y venta secreta de barcos británicos a los confederados.

Durante la guerra los beligerantes pudieron comprar armas en Europa y EE. UU. tantas como pudieran pagar (aunque no en Gran Bretaña) y firmas como la internacional Baring Brothers no tuvieron escrúpulos en negociar con ambos lados.

Por ejemplo el Perú entre 1879 a 1880 adquirió armas en los EE. UU., Europa, Costa Rica y Panamá, que eran descargadas en el Caribe panameño, transportadas por tierra al Pacífico y de allí al Perú en los barcos Talismán, Chalaco, Limeña, Estrella, Enriqueta, y Guadiana.

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