Mar humano despide a expresidente Alan García

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Sus restos fueron cremados en el camposanto Mapfre de Huachipa

Familiares, amistades y miles de militantes del Apra despidieron al expresidente Alan García Pérez minutos antes de la ceremonia de cremación que se lleva a cabo en el camposanto Mapre de Huachipa.

Hasta ese cementerio llegaron la madre del desaparecido exgobernante Nytha Pérez, así como sus hijos y familiares más allegados.

También asistieron miembros de la dirigencia del Partido Aprista Peruano, como Mauricio Mulder y Jorge del Castillo; congresistas de diversas bancadas y líderes políticos como Lourdes Flores Nano, entre otros.

En la capilla del camposanto se realizó una ceremonia religiosa privada para pedir por el descanso eterno del desaparecido líder aprista.

La madre y los hijos de García Pérez protagonizaron muestras de dolor al despedirse de su ser querido.

Los asistentes empezaron a retirarse del camposanto cuando el féretro ingresó a la cámara crematoria, minutos antes de las 14.00 horas, tal como estaba previsto.

A las 10:10 concluyó la ceremonia en la Casa del Pueblo y el féretro fue llevado por la avenida Alfonso Ugarte hacia la plaza Dos de Mayo y luego a la Plaza San Martín. A las 12:37 pm, el cortejo fúnebre llegó al camposanto Mapfre de Huachipa. Ahí los restos mortales del ex mandatario fueron cremados.

Alan García, dos veces presidente constitucional de la República, se disparó el miércoles 17 de abril en su domicilio cuando estaba a punto de ser detenido por la Policía en virtud a una orden judicial por su presunta responsabilidad en hechos de corrupción cometidos en el marco del caso Odebrecht.

En una carta leída ayer, García ratificó ser inocente y aseguró que tomó la decisión de quitarse la vida porque consideraba una injusticia ser sometido al vejamen de ser detenido.

Los restos del ex presidente Alan García fueron velados desde el último miércoles en el local partidario del Apra, en Breña.

Lo despiden

Banderas rojiblancas, pañuelos, flores y cánticos como “Alan dignidad” y “siempre de pie, nunca de rodillas” fueron parte de las formas en que los seguidores del ex mandatario le rindieron honores.

Rodeado por banderas y entre cánticos militantes, los restos del expresidente peruano Alan García dieron su último recorrido por el centro histórico de Lima acompañados por miles de personas, antes de ser conducidos hacia el cementerio donde fueron cremados en estricta intimidad.

Tras un responso y la lectura sorpresiva de una carta que dejó antes de suicidarse, el féretro de García fue conducido en hombros durante unas doce cuadras desde la “Casa del Pueblo”, el local principal del histórico Partido Aprista Peruano (PAP), hasta la céntrica plaza San Martín.

Los restos del líder del movimiento que fundó en los años veinte del siglo pasado el ideólogo Víctor Raúl Haya de la Torre, fueron rodeados por una multitud que coreaba el tradicional lema “El Apra nunca muere” y “A más ataques, más aprismo”.

Sus seguidores también reiteraron sus insultos contra el Ministerio Publico y la prensa, a la que culpan de “vendida” y de haber llevado con sus denuncias a la trágica decisión del dos veces exmandatario peruano.

“Alan dignidad” y “Siempre de pie, nunca de rodillas” fueron otros de los lemas coreados por sus seguidores, que colmaron la céntrica avenida Nicolás de Piérola, conocida como “La Colmena”, mientras el féretro de madera marrón avanzaba lentamente, cubierto con flores blancas y rojas.

Recuerdo

En la Plaza San Martín, la más grande y emblemática de Lima, por haber sido el escenario de grandes jornadas políticas y ciudadanas, se recordó que García dio un histórico discurso al volver a Perú tras casi una década en el exilio, en enero de 2001.

Con sus grandes dotes de orador, García se dirigió en esa ocasión ante una multitud para declarar su emoción por estar de vuelta en su país y aseguró que quizá había muerto o estaba soñando, tras lo cual su discurso alcanzó el clímax cuando recitó fragmentos de la célebre obra teatral “La vida es sueño”, de Pedro Calderón de la Barca.

18 años después, el féretro con su cuerpo llegó al mismo lugar para ser despedido en medio de un bosque de banderas rojiblancas de Perú y de banderas blancas con una estrella roja en el centro, el símbolo del Partido Aprista.

A su lado, niños, jóvenes y ancianos, mujeres y hombres, agitaron pañuelos blancos y marcharon acongojados por despedir al que seguidores y detractores consideran el último gran político peruano con proyección continental, aunque no exento de polémicas por su profunda egolatría y las acusaciones de corrupción que siempre pesaron en su contra.

Militantes

“Solo recuerdo que Alan García se fue y parece mentira. Hay mucha tristeza, pero hay que seguir luchando por los niños, por nosotros”, de esa manera -entre lágrimas- Amelia Hidalgo, de 75 años, se despidió del fallecido Alan García. Ella, como cientos de militantes del partido aprista, madrugó para poder asistir al funeral del ex presidente desde su vivienda en el Rímac. Nada la detuvo.

Amelia no recuerda con exactitud cuántos años milita en el APRA, pero dice que su cercanía al ‘partido de la estrella’ la heredó de su madre “desde la panza”.

Al igual que Amelia, Alejandro Vásquez, de 54 años, perdió la noción de su tiempo en la militancia aprista. Sin embargo, lo que no ha olvidado es la admiración que siente hacia Alan García. Vásquez, por eso, junto a otros partidarios de su sector, viajó ocho horas desde Trujillo hacia Lima para decir adiós al líder máximo de su partido.

“Hay un dolor enorme, es una trágica muerte que no esperábamos. Consideramos que reinvindicó al aprismo con su muerte y prefirió la muerte a la humillación”, comenta al ser consultado sobre lo que piensa respecto al suicidio de García.

Rosa Maco es otra partidaria a quien no le importó lidiar con las más de 16 horas de viaje que la condujeron desde su natal Arequipa hasta Lima. Sin dudar tomó un bus que la trajo a la capital, específicamente a la Casa del Pueblo, donde por última vez pudo tocar el ataúd que contenía los restos del presidente del partido que ella eligió seguir desde 1985, coincidentemente el año en que García asumía su primer gobierno.

Así como Amelia, Alejandro y Rosa no hicieron distinción entre distancia y tiempo. Cecilia Sánchez tampoco escatimó en esfuerzo. Ella, secretaria general del sector 23 del partido aprista, tomó su silla de ruedas y se dirigió hacia la casa del pueblo desde el Cercado de Lima para agradecerle a García a quien ella considera un gran ejemplo. “Somos historia”, dice mientras avanza al compás del cortejo fúnebre que lleva los restos de García hacia la Plaza San Martín y luego hacia su última morada en un cementerio de Huachipa. El sol quema. El fervor de los apristas se siente en cada rincón.

Foto: Antonio Lòpez Valladares