¿Hasta cuándo Nicolás Maduro?

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Martín Valdivia
Martín Valdivia

Por Martín Valdivia Rodríguez

Tremendo lo que sucede en Venezuela. Qué manera de enquistarse en el poder el de Nicolás Maduro, qué terquedad, qué ambición.  El país es un torbellino de crisis y el señor dice que todo marcha bien, que el “golpe de Estado” no pasará y que el país está unido en torno a sus dirigentes, militares y pueblo. Tremenda mentira.

Venezuela se desangra, muere de hambre, de hiperinflación, de esperanzas y hasta de futuro. Miles de ciudadanos de ese país compran comida de perro con la finalidad de preparar sus alimentos. Así como lo lee: salchichas para canes, un alimento compuesto por huesos de pollo triturados, mezclados con otras partes no comestibles de esa ave. Un drama que uno se niega a creerlo si no lo vive. Pues bien, esto sucede actualmente en el país de Nicolás Maduro, el déspota que sigue gobernando esa nación hermana pese a todo este desastre.

Pero, ¿puede un país aguantar tantas desgracias juntas? ¿Por qué Maduro, pese a mantener una nación al borde del abismo sigue gobernando sin que nadie haga nada para impedirlo? ¿Cómo es posible que el pueblo no se levante con incontrolable furia para expulsar a este sujeto del poder? ¿Es que nadie puede hacer nada?

Para la socióloga política, Colette Capriles, los responsables directos del sostenimiento de Maduro en el poder son los militares. “Los mandos militares están completamente ‘partidizados’. No podemos perder de vista que en Venezuela han ascendido unos 1.100 almirantes y generales en los últimos seis años. El control absoluto del Gobierno sobre la Fuerza Armada Nacional solo podría llegar a encontrar resistencia en los mandos medios. Pero hay enormes mecanismos de vigilancia y de inteligencia para registrar sus actuaciones. No cabe esperar de ellos un golpe de Estado clásico”, dijo en una entrevista para un diario colombiano.

Es decir, en tanto la casta militar goce de buena salud y privilegios (alcanzados durante la época de Hugo Chávez), el dictador calentará el asiento de Palacio de Miraflores por los años que él considere, aún su pueblo se alimente con comida para perros y huya del país en una de las hégiras jamás vividas por este sufrido pueblo. Ni Guaidó ni Capliles, ni Pompeo ni Trump lo sacarán en tanto la casta militar lo proteja.

Como siempre ha sucedido en Latinoamérica, las fuerza armadas son el mayor escudo en que se refugian los dictadores, hasta que, desde su propia matriz, surja un nuevo movimiento que le devuelva a las instituciones castrenses su verdadero rol dentro de la sociedad. Mientras ello no ocurra en Venezuela, seguiremos siendo testigos de la infamia de un déspota que lo controla todo, y de miles de venezolanos que, con pesar y desconsuelo, abandonan su país en búsqueda de un mejor lugar para vivir. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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Feliz día, trabajador