Nadie para el robo de celulares

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Martín Valdivia
Martín Valdivia

Por Martín Valdivia Rodríguez

Los asaltos y asesinatos vinculados al robo de celulares continúan imparables. Esta semana hemos sido testigos de la muerte de dos personas que fueron asesinadas por el simple hecho de oponer resistencia al robo, sin que la vida valga un centavo para estos malditos. Así, se ha comprobado palmariamente que la campaña de Inhabilitación de celulares reportados como robados es – al menos hasta la fecha – un fracaso, pues este tipo de crimen sigue viento en popa.

¿Y qué están haciendo las empresas operadoras para frenar en seco estos hurtos? ¿Es que es imposible dejar inoperativos los celulares robados? ¿Cómo es posible que la policía – con todo el aparato de inteligencia que tiene – no pueda dar con los cabecillas de los reducidores que compran estos aparatos manchados de sangre?

Se ha comprobado que, efectivamente, los “técnicos” de los mercadillos donde se venden aparatos robados son campeones en sacarle la vuelta a las empresas operadoras que juran que los equipos robados “no pueden volver a ser activados”. Mentira. Basta darse una vuelta por la Cachina o Las Malvinas para comprobar que el mercado negro de celulares robados sigue tan boyante como siempre.

Esto nos hace recordar los operativos tan absurdos (hechos sólo para las cámaras de televisión), que se hacen de vez en cuando en San Jacinto, el mercado negro de los autos. Allí la policía “desbarata” bandas de roba carros mostrando autopartes luego de cerrar e intervenir diversos locales de poca monta. Al día siguiente del “show” San Jacinto vuelve a activarse como si nada hubiera pasado, volviendo a su rutina de siempre, como si nada hubiera pasado.

Algo similar ocurre con el mercado negro de los celulares, se convoca a conferencias de prensa, se dan cifras de exagerado optimismo y nada más. En la práctica, miles de personas pasan por el trauma de un asalto que muchas veces termina con la muerte de la víctima. Los delincuentes están tan especializados con respecto a la modernidad del celular que fijan su atención en los más costosos. Echando cuentas, tal como lo mencionó un jefe policial, un solo ratero se hace de unos mil soles diarios apropiándose de tres o cuatro de estos aparatos.

Tenemos que exigir que en este así como en otros temas, el peso de la ley se sienta con tal severidad que muy pocos se atrevan a reincidir. La sanción debería recaer no sólo en el delincuente sino en el reducidor y hasta en el comprador, pues al no existir demanda no habría motivo para robar. ¿Hasta cuándo debemos de esperar? Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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