Después del Día de la Madre

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Juan Sotomayor
Juan Sotomayor

Por: Juan Sotomayor

Acaba de celebrarse el Día de la Madre y, luego de la agresiva campaña comercial que conlleva, parece que todo vuelve a la normalidad. Tanto así, que también parece que nuestro amor hacia ella debería esperar hasta mayo del próximo año para volver a declararse expresamente.

La celebración del Día de la Madre se nos presenta hoy como una fecha de trascendencia comercial. Dentro de la línea de valores que ellas nos han enseñado, debería corresponder a cada uno de nosotros el no dejarnos llevar por la vorágine publicitaria para “cumplir” con ellas.

¿Es importante brindarles un detalle en este día? Sí lo es. Pero mucho más importante es que ese detalle esté lleno de sinceridad y amor. Por eso, no deberíamos quedarnos en el regalito, la poesía o la actuación del colegio. Nuestras madres necesitan mucho más.

Igualdad de oportunidades, respeto, eliminación de la violencia, son ideas que el Estado Peruano nos propone en un video institucional que va en la misma línea que planteamos. Buena iniciativa, que debería ser mucho más permanente y sostenida.

Después del Día de la Madre, es necesario seguir amándolas con la misma intensidad, procurando que los hijos vean por su salud y bienestar. No las alabemos sólo por un día, para luego abandonarlas.

Más allá de imágenes bonitas y tiernas historias, todos deberíamos entender cuántos sacrificios encierra la maternidad: dolores, malestares, insomnios, ingratitudes e insolencias, incluso la postergación de proyectos personales y profesionales.

Si después de este domingo, nos esforzáramos un poquito en aliviar esos sacrificios, las ayudaríamos mucho. Velar por ellas cuando llegan a la ancianidad y respetar su memoria cuando nos dejan, no debería ser una obligación, sino una necesidad natural, una respuesta de gratitud a la vida.

Si la evocación del amor de una madre nos enternece de manera natural, no hay nada más reconfortante que ver a un hijo agradecido, que independientemente de su posición económica o social, no duda en retribuir su afecto. A la inversa, no hay nada más doloroso ni deleznable que el abandono de una madre.

El respeto a las personas mayores es uno de los principales indicadores de la grandeza de una sociedad y de sus ciudadanos. Por eso, después del Día de la Madre, sigamos diciéndole “Feliz Día Mamá”.

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