Susana ahora es la “tía buena”

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Martín Valdivia
Martín Valdivia

Por Martín Valdivia Rodríguez

Es muy extraño este caso de Susana Villarán. Ayer dijo que estaba preparada para ir a la cárcel “desde hace mucho tiempo y lo he enfrentado con valentía”, dijo, tal vez queriendo marcar distancia contra la decisión de suicidio que tuvo en contraparte Alan García. El fin de semana pasado, tal como lo informáramos, la exalcaldesa admitió que tuvo conocimiento del aporte de 3 millones de dólares de Odebrecht y un millón de OAS a la campaña del No a la revocación.

Confesión de parte, relevo de pruebas, dice un viejo dicho. ¿Es que acaso Villarán pretende darnos a los peruanos alguna lección de dignidad y valentía respecto a una situación lamentable como la que ha descubierto la justicia? ¿Qué pretende al adoptar una posición sumisa al afirmar que “ahí donde esté seré la misma Susana Villarán”?

Algunos analistas afirman que la exfuncionaria traza una estrategia (aconsejada seguramente por sus abogados) muy bien elaborada con la finalidad de reducir su condena. Hacerse la pobrecita, la que todo lo acepta, la que va al matadero sin protestar, es – sin duda – una habilidad de sus defensores para librarla de muchos años más de cárcel.

Otro hecho que sorprende es que ella y su gerente, José Miguel Castro, hayan librado de toda culpa a los demás coacusados. Hablamos de personajes como el exgerente de Seguridad Ciudadana, Gabriel Prado, a quien la fiscalía acusa de tener una cuenta en Andorra con dineros sucios provenientes de Odebrecht. “Tanto José Miguel Castro como yo somos las dos únicas personas (responsables) porque no hay un grupo grande”, dijo ayer Susana Villarán ante la sorpresa de los periodistas.

Y aunque se afane en decir que no quiere ningún tipo de beneficios por estas confesiones (más que tardías), intuimos que no es del todo verdad. ¿Por qué entonces demoró años en confesar lo que sabía si en su entorno caían Toledo, García, Ollanta y PPK? Aquí lo escribimos más de una vez: ¿por qué Susana Villarán sigue pasando piola? ¿Qué poder tiene ella para que la justicia no la alcance? ¿O acaso esperaba que Jorge Barata la libere de toda culpa?

Si quiere sorprendernos con esa imagen de “tía buena”, no creo que lo consiga. Su silencio por tantos años no se condice con estas palabras: “No fue un pacto de silencio, porque esos se hacen entre mafiosos. Fue un pacto para hablar en algún momento y nunca encontramos el momento de hacerlo. De eso me arrepiento también”. Yo no le creo…usted?. Porque lo que digo y escribo siempre lo firmo.

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