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José de la Riva Agüero y Osma

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JAVIER VALLE-RIESTRA

Ha aparecido en un periodicucho panfletario un pasaje sobre la intachable vida de José de la Riva Agüero y Osma, poniendo en tela de juicio su virilidad. Calumnia. Nos honran su biografía, su pasado, su legado, su obra. Don José, en su etapa liberal y en la ultraconservadora, ayer veinteañero y a las finales, cuasi sexagenario, jamás tuvo desviación alguna, al margen de sus heterodoxias eventuales. Era un hombre fanático, recto, enterizo, solo dedicado a las tareas de la inteligencia. Sus adversarios mediocres de ayer y hoy, incapaces de escribir una sola de sus páginas, insinúan eso, antojadizamente.

Se acomplejan sus enemigos porque fue un gran aristócrata y descendía de viejas estirpes españolas y republicanas. Marqués de Monte Alegre y de Aulestia; bisnieto del mariscal Riva Agüero (quien fuera derrocado Presidente del Perú en 1823) y de la princesa belga de Looz-Coswaren; cuya fortuna proviene por la línea materna de los Osma y Sancho Dávila, ya que de su padre José Carlos de la Riva Agüero y Riglos, según él mismo ha señalado, solo heredó deudas y disgustos. Entre sus ascendientes más notables también se encuentra Nicolás de Rivera el Viejo, uno de los trece compañeros de Pizarro en la Isla del Gallo y primer alcalde de Lima.

Ganó la inmortalidad intelectual con su genial tesis de doctorado en letras, “La Historia en el Perú” y con la obra “Paisajes Peruanos”. Desdiciendo de su linaje, fue liberal de los 25 a los 45 años. En 1930, aplaudió la caída de Leguía y apoyó a Sánchez Cerro. Su sucesor Óscar R. Benavides lo nombró Primer Ministro y Ministro de Justicia. Pero cuando el general quiso deshacerse de él, sutilmente promulgó la ley de divorcio en mayo de 1934, para incomodarlo. Por sus acendradas e inflexibles convicciones católicas, renunció, entonces, al premierato y se dedicó totalmente a la vida intelectual. Murió en el hotel Bolívar en 1944. No tuvo el predestinamiento de estar alojado en su palacete de la calle Lártiga, hoy sede del Instituto Riva Agüero.

Jamás se casó, no tuvo amoríos y, lógicamente, ningún hijo. Siendo un hombre talentosísimo, tenía alma de solterón. Vivió la mayor parte de su vida solo y al morir el padre, fueron su madre María de los Dolores de Osma y Sancho Dávila y su tía y madre adoptiva Rosa Julia de Osma y Sancho Dávila las únicas personas que estuvieron estrechamente vinculadas a él, además de sus virtuosos criados extranjeros Manuela Sanz Herranz y Eduardo Loetscher. Influyó sobre toda una generación derechista y sus obras completas constan de veintitrés tomos.

Ignoran que a su regreso al Perú, luego de su estancia en Europa, desempeñó la Alcaldía de Lima hasta los primeros meses de 1932 y que también el mismo día de su muerte pretendía desheredar a la Universidad Católica, pero la muerte le sobrevino repentinamente en el Hotel Bolívar. Al hablar de él, necesitamos más de personajes históricos que de personajes histéricos.