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El diario de todos los peruanos
Actualidad

La canción sigue siendo la misma

13 May. 2017

La canción sigue siendo la misma
Italo Oberto - Besso

Mañana LA RAZÓN cumplirá 16 años desde su aparición en las calles y, por más que hoy nos repitan que vivimos en un país diferente, lo cierto es que nuestros políticos siguen discutiendo sobre los mismos temas, conflictos y problemas, en una constante que ya amenaza con convertirse en una pesadilla.

Quienes vivimos aquella época post-Fujimori recordaremos los artículos de opinión cargados de optimismo y promesas por el resurgimiento de una nueva clase política, la democracia acogerá a todos, decían; pero aquel compromiso quedó en el papel y aquellos que prometieron los vemos sumergidos en el fango o resistiendo como pueden a la justicia.

Entonces y hoy las preguntas se repiten: ¿Qué hacemos con Fujimori?, ¿cómo enfrentamos los rezagos del terrorismo?, ¿cuál es la solución definitiva para desterrar la corrupción?, ¿qué prevención se hizo ante la desgracia previsible?, ¿la bicameralidad es mejor?, ¿qué hacemos ante la inseguridad ciudadana?, etc.
Como siempre, el fríaje, las heladas, la inseguridad, la corrupción, el mal menor, las promesas incumplidas… Los mismos temas que ocupaban este diario en sus inicios se encuentran hoy en nuestras páginas, con los agravantes de que la pesadilla es cada vez más aterradora, el número de muertos por las desgracias es cada vez mayor, nuestra clase política siempre hace lo posible por hacer una peor gestión, este congreso es peor que el anterior, los delincuentes son ahora más despiadados, las armas más eficientes, y el cargo de conciencia, cada vez más breve y cada vez más chiquito.

Y hoy como hace 16 años, las excusas se repiten: “La mafia no me perdona”; “es una campaña de demolición en mi contra”; “soy víctima de un andamiaje”; “es una persecución política”; “no me dejan trabajar”; “no me dejan gobernar”, “no es coima es donación”, etc., etc., etc.

Hoy los partidos políticos son, como hace 16 años, mero cascarones sin contenido ni ideología; sin capacidad de representatividad ni miembros, menos esperamos una propuesta viable de país, y cada elección se convierte para ellos en una amenaza de desaparición.

Lo mismo sucede en los sindicatos, cuya renovación dirigencial, es solo un saludo a la bandera: o se trata de la ubicación de monigotes que responden a órdenes de viejas cúpulas o es uno más rabioso y menos dialogante que el anterior. De los empresarios mejor ni hablar, pretenden convertir el mercantilismo y el mero afán de lucro en la agenda del país.

Entonces, en el 2001, se culpó a Fujimori, a Montesinos, adujeron que ellos habían debilitado la institucionalidad política, social, partidaria y sindical. Hoy, ¿cuál es la excusa?
Mientras tanto, el país sigue esperando, que aquellos que dicen que nos representan, empiecen a mirar hacia abajo, y vean los problemas que a diario nos aqueja a los peruanos: hambre, desempleo, incertidumbre, miedo.