redactor: CARLOS BRUCE

Las nuevas revelaciones periodísticas sobre las correrías y sucios negociados de los amigos de la pareja presidencial con distintas entidades del Estado arrojan más pistas que conducen al entorno íntimo de esta pareja. Así, la sombra de la corrupción se habría posado sobre las instalaciones de la Casa de Pizarro, envolviendo a sus inquilinos en un torbellino de lodo del que les será muy difícil librarse.

Ahora sabemos que los amigos privilegiados de Palacio que se enriquecieron con las adjudicaciones millonarias de obras públicas durante este gobierno, no habrían actuado sólo en las regiones sino también en entidades del gobierno central y con el apoyo solícito del personal del mismo Palacio de Gobierno, además del Congreso de la República. Así se deduce de las treintenas de visitas efectuadas por uno de estos engreídos a las oficinas de esas dos instituciones claves del poder.

Esto que golpea seriamente a la moral pública tira al trasto la perorata anticorrupción del gobierno que va ensombreciendo aún más su mediocre gestión hasta límites insospechados. Estamos ante el descubrimiento de una red de corrupción dirigida por los amigos del Presidente que alcanzaría a congresistas, presidentes regionales, funcionarios del gobierno, y otros que están por revelarse. El modus operandi de esta red sería de alcance nacional.

Ante estas revelaciones que remecen las paredes de Palacio el mandatario se esfuerza desesperadamente en desmarcarse de uno de sus amigos, el hoy prófugo de la justicia, con argumentos que no se condicen con la realidad. Pretende que creamos que sus amigos actuaron solos frente a sus narices, paseándose por las oficinas del poder. Lástima por el daño causado a la imagen presidencial.

Ahora se entiende el porqué de la demora en la captura de su amigo, como también la rumoreada pretensión del amigo prófugo del presidente de acogerse a la figura de “colaborador eficaz” en el caso de la red de corrupción en áncash, a pesar de ser sindicado como cabecilla; algo que sería nefasto para la justicia porque se estaría institucionalizando la impunidad y el encubrimiento del delito.

Con sus discursos huecos el gobierno está descalificado para emprender cualquier política anticorrupción y garantizar transparencia. La salud moral de la nación exige una exhaustiva investigación y castigo ejemplar para los facinerosos que le están robando al país. Una sanción que esperemos llegue con el próximo gobierno, porque del actual no podemos esperar nada parecido.

Noticias similares