IGV y Peaje

Por: Francisco Diez-Canseco Távara

Mientras el gobierno expide el correspondiente decreto legislativo para cumplir la promesa electoral de PPK de reducir el  IGV del 18 al 17%, se arma una protesta tumultuosa y violenta en Puente Piedra como consecuencia del establecimiento de un peaje elevado e injusto.

Ambos hechos parecen desligados el uno del otro pero tienen una conexión no clara en primera instancia pero evidente si tratamos de visualizar el fondo de lo que viene ocurriendo en el país.

La reducción del impuesto general a las ventas no va a generar formalización alguna de los emprendedores acostumbrados a no pagar dicho tributo como, en un contexto, totalmente fuera de la realidad, pretendió hacernos creer el candidato PPK hoy Jefe del Estado.

La evasión tributaria en el Perú tiene varios orígenes que no están necesariamente vinculados al monto del IGV.

Para comenzar, las graves deficiencias de los servicios sociales del Estado en áreas tales como la administración de justicia, la salud, la educación y la seguridad ciudadana. No puede alentarse el pago de impuestos  si la contrapartida por parte del Estado es de la naturaleza que tiene en el Perú.

Para continuar, la flagrante corrupción existente en el manejo del dinero del Estado que es de todos los peruanos que perciben, con creciente intensidad, como el latrocinio estatal viene acompañado de una grosera impunidad para sus actores.

Y para cerrar -provisionalmente-, la demagogia rampante, llena de promesas incumplidas, de quienes, para llegar al Poder, no vacilan en ofrecer el oro y el oro a sabiendas que son palabras que se llevará el viento. Como en el caso del IGV, cuya disminución entrará en vigencia en julio de este año dependiendo de la recaudación. Lo cual ciertamente genera desconfianza e inestabilidad.

El peaje se aumentó en forma desmedida, en forma desconectada de la realidad de la zona de Puente Piedra y probablemente pensando en los montos que se cobran en la Vía de Evitamiento y en la Panamericana Sur en las cercanías de Pachacamac y Lurín.

Como podemos apreciar, se trata de 2 casos contradictorios entre sí que tienen un lugar común: el manejo antitécnico de los tributos en función de intereses políticos y económicos y no de los sagrados y prioritarios derechos del pueblo de Perú.

Basta ya de la demagogia barata y de la deshonestidad flagrante que está llevando, desde hace rato, a que el Perú empiece a gobernarse en las calles.

(*) Presidente de Perú Nación

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